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miércoles, 24 de noviembre de 2021

CETAN. XXXII Certamen de teatro aficionado de Navalcarnero




 

Caía la bruma, como en esas noches de costa cargadas de melancolía con el mar susurrante y expectante. La noche alboreaba un adiós, un hasta pronto. CETAN se despedía de su XXXII edición, y qué mejor compañía que un taciturno orvallo que extendía su alfombra cristalina para ofrecerme sus parabienes.

Acudí a su clausura sollozando por esos sábados futuros, que podrían ser cualquier otra cosa, incluso tardes de teatro, pero ya no serían tardes de CETAN. Primero fue un café ―como ya era costumbre―, a las puertas del teatro, dejándome seducir por los focos, la música y la alfombra roja. Después, me acomodé en la butaca dispuesto a disfrutar de la función.

En el ambiente se respiraban nervios y se atestaba de expectación. Era la entrega de premios. Mucha alegría y alborozo en las butacas al saberse nominados, y más aún cuando eran premiados; premios que se recibían con más entusiasmo del que muestran las grandes estrellas, entusiasmo contagioso del que fui partícipe desde el anonimato de mi butaca.

CETAN, organizado por el grupo Azabache, que posee un arraigo en la urdimbre de Navalcarnero, contó con el apoyo de Cultura y del público, que demostró su gusto por el teatro acudiendo a él e incluso llenándolo. Dictó su veredicto y sentenció según sus preferencias mayoritarias. Se decantó más por las comedias o por las medias sonrisas. «Demasiadas penalidades hemos pasado ya», pensaría más de uno. Tal vez fuera porque la pandemia también estuvo presente en el patio de butacas y ejerció su voto ―aunque no sé si con derecho― y sus influencias. Un público aficionado y, en muchos casos, entendido, que quiere, exige y busca sus espacios, espacios de ocio en los que la oferta esté más allá de una verdulería con trajes de noche.

Entre aplausos, se cerró el telón. No quise esperar a que se apagasen las luces. Era el momento de los protagonistas, y allí se quedaron mientras sus exaltaciones se mezclaban con el sucinto chapoteo que me recibía a la salida. En la memoria queda la excelente calidad mostrada en las tablas, los textos tan sorprendentes y elaborados, y mimados y espejados, que borraron o, cuando menos emborronaron, esa frontera entre lo profesional y lo aficionado que, si bien es meritorio y admirable lo primero, también lo es lo segundo: actores y actrices buscando tiempo de donde casi no lo hay, sacrificando relaciones y familia cuando la vida comienza tras una jornada laboral ajena a la interpretación.

Atrás fue quedando el teatro. Caía la bruma como un viejo telón sobre su escenario, como una clausura, y lo hacía en una lenta parsimonia, en una perezosa procesión. La noche había dejado escrito su adiós. El taciturno orvallo, me rehumedecía como despedimiento mientras el eco de los aplausos aún percutía en mis oídos, y la memoria, mi frágil memoria, todavía hoy, se esfuerza por recordar nombres ya imperfectos y escenarios incompletos que quieren formar parte de los recuerdos imborrables.

Enhorabuena a todos: organizadores y participantes y hasta pronto. Hasta la siguiente edición.

© j.c atienza. Noviembre 2021.

sábado, 13 de noviembre de 2021

Teatro y teatros.


 


Teatro y teatros y, a sus puertas, tan importante como la obra o el propio teatro, los conventículos de aficionados y de expertos. Para los primeros, los que van una vez al año, sonríen cuando una cara conocida les reconoce, o cuando una persona de influencia destacada, aunque solo sea concedida por un periodo determinado y de signo político divergente —que poco importa tratándose de influencias y posiciones—, ejerce un leve movimiento de su testa para desplegar un saludo. Crece entonces una ficticia distinción, tan efímera como el propio aplauso de la obra, y creerá formar parte de la sociedad influyente que rubricará en sus ademanes e incluso en sus amistades. Será solo una distinción distinguida por la ciencia de la fortuna como compensación por su asistencia a un evento cultural, porque la cultura es la cultura, y la cultura se premia, aunque el premio sea una escueta moneda de valor discutible, minúsculo en cualquier caso e intangible en todos, que le permite integrarse en círculos tan cercanos, tan próximos, tan íntimos, en los que practicar apología del sexo o inmiscuirse, con un mínimo de rigor, al menos, en alguna orgía intelectual, de esas que suceden en cenas improvisadas, unas, y planeadas o planificadas en otras, porque lo de menos, seguramente, fue el teatro, aunque después haya sido lo más. 

Y, luego están los segundos o los otros: los expertos, los que no se pierden una, los aficionados de verdad que analizan la puesta en escena, vestuario, texto e interpretación, los que son pedagogía y crean escuela, los que están más allá de las redes sociales, los que conviven entre las palabras sabias y las preguntas inteligentes. Los que enseñan, vamos. Ellos son también los más quejicosos, los que se lamentan con frecuencia, los que ven peligrar el teatro y los que buscan las causas de la desafección., Y tras ellos o a su alrededor, los corrillos, esos anillos humanos que circundan un núcleo, como un pequeño universo en el recibidor del teatro, con sus intelectuales novicios, sus becarios en prácticas, sus «presumidores» con arte y oficio que buscan hacerse un hueco, los curiosos que quieren ser enteradillos y los aprendices que aspiran a ser considerados y respetados.

Teatro y teatros, porque el teatro, no sé si el bueno o el malo, o indistintamente, empieza a disfrutarse y vivirse en el exterior. Que no sé si la asistencia al teatro es más por ver lo que acontece a sus puertas que tras ellas.

 

 © El embegido dezidor.

domingo, 21 de marzo de 2021

MAESTROS ESTRELLA Y MAESTROS ESTRELLADOS. La mala educación XXI.

 

Es evidente que en esta profesión —a la del magisterio me refiero—, como supongo ocurrirá en las demás profesiones, siempre han existido y existirán los buenos, los malos, los entusiastas, los desanimados, los vocacionales y, por supuesto, también los «pasados» o los «quemados».

Pero de un tiempo a esta parte, me encuentro con una nueva partición —hasta ahora desconocida por mí fuera de los corrillos de puerta de colegio—, que dudo sea extensible a las demás profesiones porque en ésta, y he aquí lo curioso, nace desde el mismo embrión de la escuela, es decir, desde los propios maestros. Y es que ahora tenemos, además, profesores estrella y, por el contrario, los estrellados, es decir, el resto. Y para constatar tal hecho y demostrar que no es consecuencia de mi iracundia, pásense por los muros de redes sociales de algunos de los «agraciados», pues verán que han aparecido concursos y quién sabe si vendrán también programas —tras exhaustivos estudios para preparar audiencias— de entretenimiento en vivo en los que participe la gleba con sus votos

Y esta aclamación —la de los agraciados—, que roza la glorificación, me pregunto si no es, en muchos casos, más que la aceptación o la adaptación de algunos o muchos de estos buenos maestros a los postulados de sus votantes o de las empresas que les aúpan, a los que, en un futuro, se deberán para no ser denostados o quemados en el patíbulo.

Pero si algo es más sorprendente en una profesión poco dada a las alegrías, es la promulgación de su nominación, incluyendo una buena ración de sabiduría que, lejos de ser lección, pretenden que sea dogma a seguir; como si los maestros necesitasen más gurús para realizar sus trabajos. Y no reprocho este hecho —el de airearlo en las redes sociales con laureles y pétalos de rosa si es necesario—, no, sino el desprecio que desprenden hacia la labor de otros profesionales que cumplen sus objetivos o que lo intentan; cuyos métodos se alejan notablemente de las «modas estrella», o no tanto, y cuyos resultados no difieren en absoluto —como nos pretenden hacer creer desde sus púlpitos con sus discursos triunfalistas y demoledores—, de los «maestros estrella».

Y si alguien ve en mí un prurito de envidia, que no faltará quién, a mis años, y ya retirado, fueron mis alumnos quienes me otorgaron el título del «Abuelo Maestro», y llevaron a sus hijos para que siguiera siendo su maestro. ¿Acaso hay mayor recompensa?

 

© El embegido dezidor. 

sábado, 23 de enero de 2021

HUMANIZAR LAS AULAS. La mala educación XX.

 

¿Qué ha unido a la pandemia, al temporal y a la educación? La digitalización. Y esto que, sin duda, debiera ser una buena noticia, y de hecho lo es, sin embargo, lo que se ha puesto de manifiesto es que esta extraña consustancialidad, es cuando menos, dificultosa. Es decir, que o se pone remedio de inmediato o el divorcio está a cascaporrillo.

Con anterioridad al 2020 y más concretamente en este fatídico año
del 2020, aprovechando las adversas circunstancias, la digitalización era el curalotodo de la educación y, por ende, el paso previo para la desaparición de la enseñanza presencial. La figura del maestro quedaba relegada a un segundo plano, simplemente como mero conductor de las diferentes enseñanzas. Noticia esta, muy atractiva para los administradores de lo ajeno que veían suculentos ingresos en sus cuentas de ahorro para destinarlos a otras partidas, algunas más sociales que otras, y también para algunos bolsillos particulares, porque en este país, digan lo que digan, la tendencia es muy importante.

Pero si algo ha dejado patente los días de confinamiento y el obligado recogimiento por el temporal, es que desdeñar la enseñanza presencial, sería cuando menos, conducir a una gran parte del alumnado a un suicidio colectivo ―entiéndase por suicidio una condena al alumnado que estaría dictada y nunca firmada―. Confinarse sin más pretexto que el aducir que todo lo tengo en casa, algo inexorablemente contra natura, es una entusiasta aspiración a la que nos están conduciendo con premeditación y, ante la cual, sucumbimos como borregos ―¿consecuencia de la tecnología?―. Pero la educación ha descubierto las quebraduras de estas aspiraciones, así como las insuficiencias de esta digitalización que no puede ser de cualquier manera y que, a edades tempranas, son más que evidente y si se quiere, transparentes.

Llegados a este punto, y después de lo sucedido, y si la experiencia sirve para mejorar lo aprendido, lo que toca es humanizar más las aulas, y eso, como todo lo relacionado con la educación será labor de profesores y maestros. Y a los responsables de la digitalización, les corresponde encontrar el equilibrio, la combinación más perfecta y beneficiosa donde la dualidad: maestro y tecnología, se den la mano.

 © j.c atienza. 

viernes, 22 de enero de 2021

CIUDADANÍA SÓRDIDA E INFAME.

 

«Si el cielo de Castilla es tan alto, es porque lo levantaron los agricultores de tanto mirarlo». Así lo dejó escrito Miguel Delibes. Y hablando de Navalcarnero, no sabemos si el cielo está tan alto, o si simplemente está alto, porque aquí, y tal vez porque hayamos dejado de ser castellanos, no miramos al cielo. Y no lo hacemos porque no nos guste, ni porque la tecnología nos embruje o nos atonte que, en Navalcarnero, si no miramos al cielo es porque sufrimos imposibilidad. Y la realidad, por mucho que nos duela, es que como paseantes no desligamos nuestros ojos del suelo, que mirar al cielo se ha convertido en un ejercicio de riesgo, o cuando menos molesto.

 Y no digo esto porque sí, que si usted pasea por nuestras nobles calles, no es necesario mucho esfuerzo para ser ungido, por la buena ventura, con un excremento canino adherido a la suela del zapato, que sus dueños, del can me refiero, deliberadamente, han preferido ignorar.

 
Y debe ser que estos personajes —que dudo de su exquisita pulcritud en sus hogares y que, sin vacilación, manifiestan una ciudadanía sórdida e infame—, se han sentido molestos por este paisaje bucólico que la nieve nos ha dejado y, refugiándose en el silencio y en la ausencia de miradas, han determinado, en un ejercicio excrementoso, muy al orden de sus estercoleros neuronales, ejercer libertinamente la evacuación de depósitos orgánicos de mamíferos cuadrúpedos en aceras y calzadas a su libre albedrío. No sé si pretenderán abonar el asfalto, pero desde luego, necesitan que sus cabezas sí sean abonadas, y urgentemente, por ese néctar tan efectivo: la multa.

 

© j.c atienza.


sábado, 16 de enero de 2021

LA MALA EDUCACIÓN XIX. ESA VECINA QUE ME DIJO... III. (Ley Celaá)

 Desde mi despacho escuchaba cantar a mi vecina, y puedo decir que fue grata la sorpresa, que mi pluma rebosaba de felicidad, pues recorría el papel dejando trazos que mucho me temí que no fuera capaz de darles un final.

 Empezó con la Pantoja y ese famoso “Marinero de luces” que repetía una y otra vez, y les aseguro que, siendo solamente un aficionado a la música, aunque lamentablemente de habilidades precarias, a cada repetición mejoraba ostensiblemente su interpretación, así como su afinación que terminó siendo impecable. Y, después de la Pantoja, le llegó el turno a Nirvana. Ya no puedo decir el título pues no soy muy dado a retenerlos y mucho menos en un idioma que no domino y que me ha causado múltiples trastornos. Pero ella también canta en inglés, y es que descubrí que a mi vecina no solo le gusta parlotear e incluso vestirse de cruzada, sino que, además de sus bravuconadas, le gusta cantar y es políglota. Mucho me temo que tal disposición suponga para ella obligación por demostrar de manera continuada sus dotes en su oratoria.

 Pensé entonces que, tal vez, mi vecina, no había sido ungida por alguien del mundillo del arte y, por tanto, no había gozado de esa oportunidad que otros, posible y seguramente con menos mérito que ella, sí habían tenido.

 Quedé, de acuerdo conmigo mismo, que en cuanto la ocasión se presentara, le hablaría sobre el tema. Que la igualdad de oportunidades es, sin duda, un perfecto mostrador inexpugnable de que un país y una sociedad, evolucionan sana y favorablemente. Se trataría, pues, de un país en el que, en todas sus facetas, estarían los mejores, los más capacitados y los más preparados.

 Pero es por ello que aquí es tan necesario crear educaciones alternativas, porque no se trata de encontrar a los mejores, a los más capacitados, sino, siendo un negocio, encontrar, de entre los suyos y solo de entre los suyos y, por negación de los demás, a los más preparados, que no tienen por qué ser los más capacitados o los mejores. ¿Entendería que a una sociedad se la castigase con desplazarse en triciclo para que aquellos que tuvieran bicicleta fueran los más rápidos, pero, al mismo tiempo, se le negase a quien tiene un vehículo a motor la gasolina para hacerlo funcionar porque desmerecería a los demás?

 Tal vez, mi vecina reflexione sobre esto. Tal vez podamos llegar a entendernos. Albergo esa esperanza.

 © j.c. atienza. 

martes, 12 de enero de 2021

LA MALA EDUCACIÓN XVIII. ESA VECINA QUE ME DIJO... II (Ley Celaá)

 

Me contaba mi vecina, en uno de esos días insulsos, en los que no hay mucho de qué hablar, en una de esas ocasiones en las que uno espera que la conversación termine cuanto antes para no ensombrecer más un tiempo indeseable que nunca debió suceder, la historia y el porqué de la matriculación de su hijo y de la elección de colegio. Y todo ello macerado, que no dulcificado, pues iban sus palabras cargadas de vinagre y picante, con una perorata envenenada que apuntaba una y otra vez a una escuela y, más concretamente, a una ley que sí, que me afecta directamente, pero que yo no he redactado. Si a alguna conclusión llegué, o más bien confirmé, es que mi vecina y yo no nos pondremos nunca de acuerdo. Pero, aun así, no cejando en mi empeño y, tal vez, por deformación profesional, le rogué que me escuchase, que mis palabras le aportarían una información extra que, sin ser nada extraordinaria ni secreta, podría serle de valor, y que no encontraría, muy posiblemente, en su televisión.

 
Esta afirmación pareció convencerla, al menos no hizo por marcharse, y sé que lo deseaba. Se quedó a la escucha, aunque solo fuera por demostrarse y demostrar después ante su prole, que ella tenía informaciones diferentes con las que enriquecer el debate.

 Le expuse que su cruzada ―de este modo quise halagarla―, sin poner en duda su legitimidad, estaba lejos de querer, o más bien de buscar, una educación concreta, específica y común para el país; que bajo esas banderas, ahora naranjas, el objetivo principal dista mucho de lo ya citado, y sí es alimento de muchos caraduras, de esos que mueven los hilos y que siempre encuentran el apoyo en una gleba reacia a la reflexión pausada. Izar bandeas puede ser un ejercicio muy saludable, y seguramente lo es, pero que tras la enseña está el objetivo, que no es otro que el de mantener, sostener y eternizar unos privilegios.

 Ella clamó al cielo, bueno más que al cielo a mí, y me dijo que “quién si no se iba a interesar por una educación determinada que ellos, que apelaban a la libertad y que parecía que solo ellos eran los interesados”. Interpreté que ese «ellos» se refería a la escuela concertada. Le incidí en mi argumentación: «El interés debería ser de todos, y cuando solo es parcial, usted me está dando la razón».

 Ella no contestó —no porque no tuviera contestación, que sé que la tenía—, y prefirió callar. Rara excepción, pues es del gusto de dar la bravuconada, que así lo practicó en sus años de aspiración política. Y yo aproveché que tal oportunidad me brindaba para seguir con mi discurso que ya se parecía a un soliloquio.

 Y en la selección radica la vehemencia de tanta protesta, continué, pues si esos privilegios, siempre de unos pocos, fueran de la mayoría, dejarían de ser privilegios. Afortunadamente no se trata todavía de una selección natural ―aunque no faltarán propuestas encaminadas a la consecución de dicho objetivo―, pero sí una selección económica.  Y aquí está el quid, se trata pues, de conseguir esos privilegios y apropiarse de ellos como algo natural, más por diferenciación o por apariencia que por convicción, que ya dice el dicho: «vístete como quieras que en la calle te desnudan».

 La cara de mi vecina era un conglomerado de gestos, que, desde luego, certificaban que no aprobaban mis palabras.

 

© j.c atienza.

domingo, 3 de enero de 2021

LA MALA EDUCACIÓN XVII. ESA VECINA QUE ME DIJO... I (Ley Celaá).


ESA VECINA QUE ME DIJO... I 


Hace no mucho tiempo ya escribí sobre los conciertos escolares, y no me refiero a los conjuntos instrumentales para el disfrute del alumnado, sino a esos acuerdos entre gobierno, comunidades y empresas por mantener una educación apartada, exclusiva, que viene sucediendo y creciendo durante años, alimentada y cimentada bajo y sobre el sofisma de la libertad de elección y el miedo ante la posibilidad de que determinados privilegios desaparezcan.

Así, en plena lucha fratricida con el debate en retirada, la nueva ley de educación, gracias a la acción meticulosa de nuestros políticos, provoca, lamentablemente, conversaciones otrora amigables, que se convierten en armas para enfrentar e incluso dividir. Y eso fue lo que me ocurrió, que fui víctima paciente de las soflamas hábilmente instauradas y labradas en la cabeza de mi vecina para revivir lo ya vivido a través de los medios de comunicación.

Ella apareció, por una de esas casualidades, en el rellano de la escalera. ¡Cuánta coincidencia!, No hubo un buen saludo, uno de esos que inflama la mañana, sino más bien un discurso que debía ver la luz cuanto antes. Y ella, dispuesta, como un político más, adquiriendo magistralmente sus mismas herramientas para los mítines, más basados en las emociones que en las razones, se dispuso a poner en práctica sus habilidades personales para convencerme de la demoníaca finalidad de una ley de educación que adoctrina a los más pequeños y a los más vulnerables.

No voy a ocultar que alumbrar una respuesta tras la relatera fue tarea fácil. Primero sosegué mi cabeza, ejercicio cada vez más difícil de domesticar, pues me resulta cada vez más trabajoso asumir como verdades absolutas las filfas que se propagan para intoxicar. Entendí, entonces, que era ella una de esas personas vulnerables, y siendo paciente contesté a mi vecina.

Le dije que quien más debiera defender la escuela pública son, precisamente, las familias cuyos hijos están matriculados en la escuela concertada y que, en estos días, en vez de izar con voluptuosidad por las calles de Madrid y otras ciudades banderas naranjas emulando a las antiguas cruzadas, deberían hacerlo con banderas verdes, pues es la escuela pública quien mantiene y sostiene a la enseñanza concertada, que es -la escuela pública- quien despeja de sus aulas a los alumnos incómodos e incluso al alumnado que dejaría en mal lugar al colegio en las estadísticas de mejores colegios. Afirmación que no es gratuita, como se reconoce al aseverar, en muchas de sus páginas web, y como reclamo para nuevos alumnos, que una de las ventajas de sus escuelas es que el proceso de selección del alumnado es más exhaustivo.

Es por ello —aunque solo sea por este motivo—, que es la escuela pública la gran causante de la subsistencia de un colegio concertado y, por tanto, que las concentraciones debieran estar aferradas a mantener la idea de valorar la escuela pública porque solo así pueden sobrevivir sus privilegios.

            Mis palabras debieron resultarle hirientes, pues ella me dio la espalda y caminó sin despedirse.

© j.c atienza. 

lunes, 1 de julio de 2019

SOBRE EL OFICIO DE ESCRIBIR.



¿Escribir? Si esta fuera la pregunta y como tal bastase, mi contestación sería sí, pero ¿escritor? Entonces la respuesta se demoraría en el tiempo, pues no es una consideración que se alcance tras escribir un texto, sino que solo la constancia, e incluso la obsesión, pueden guiarte a ser eso que llaman escritor.

Pero he descubierto caminos más cortos, más afables, menos sufridos y mucho, mucho más generosos. He descubierto que años de formación no son garantía, que cientos y cientos de lecturas no son necesarias, que curtirse en ortografía es un tiempo malgastado, que el esmero en el vocabulario y la expresión son asuntos del pasado.

Y entonces, reflexionando no demasiado, he decidido que antes de ser escritor o paralelo a escribir, quiero ser youtuber, o tener una escabrosa relación con diplomática o política, actriz o youtuber, váyase a saber de qué condición, que eso no tiene importancia, pero que sea con relevancia pública y así, ser famoso, tener miles de seguidores en Facebook, más miles en Twitter y en Instagram; decenas de minutos en radios, en televisiones, en blogs e incluso ser codiciado por influencers y haters ―que favores también hacen― y,  aunque no sepa cuál es realmente mi calidad como escritor, seré escuchado, leído, valorado y por supuesto, publicado. Tendré quién me corrija sin que haya de por medio reproches o negativas. Miles de comodidades y caprichos consentidos, y todo cuanto diga y haga adquirirá una dimensión que sólo por mis méritos sería incapaz de conseguir. Y aunque, llegado el caso, se discutiera mi valía, pues no se puede ser del gusto de todos, siempre tendré una legión de seguidores que minimizarán cualquier impedimento, inconveniencia o impertinencia.

Entonces y solo entonces, me plantearé si escribir me puede conducir a ser escritor o si por entonces, tendré cientos de oficios y beneficios rápidos que harán que la creación literaria, siempre austera y solitaria, sean solo un pobre placer para aquellos que no pueden salir de su cascarón.

No sé si ahora, escupidas estas palabras desde el sosiego, son producto de la rabia, la impotencia o la envidia. En cualquier caso, afortunados todos aquellos que lo consiguen con talento, sea mucho o poco.

© 2019 J.C Atienza.

sábado, 6 de octubre de 2018

BIOGRAFÍA DE UN CUERPO. Escrito por Mónica Rodríguez.






¿Quién no se ha sentido alguna vez inmerso en una vida ajena, en una vida que no le pertenece y aún peor, en una vida prestada?

En “Biografía de un cuerpo” queda plasmado este dilema en la figura de Marcos. Un protagonista que nos trasmite una querencia natural que le hace cobrar vida más allá de las páginas del libro y se instala en nuestras propias vidas, extrayendo de la memoria el moho que dejamos arrinconado en nuestro pasado y que intentamos ahuyentar con la ignorancia o la indiferencia, pero las preguntas, en su versión más incisiva y dolorosa, regresan como si el tiempo no las hubiese desgastado para hacernos zozobrar en nuestro actual presente. ¿Fueron las decisiones adecuadas y qué hubiera sido de nosotros si aquella decisión hubiese sido otra?

“Biografía de un cuerpo” resulta un libro íntimo e intimista y transparente a la vez en cuyas páginas se van desbrozando los sentimientos del protagonista a través de un lenguaje pulido, conciso y a la vez sencillo. Las descripciones, abundantes y acertadas, son como un proyectil que viaja directamente a instalarse en el corazón que va a ir sufriendo a medida que las páginas se van consumiendo.

El libro nos deja desnudos ante nuestra propia guerra interna y el lector, carcomido por los demonios de Marcos, se preguntará, con un prurito de venganza en su conciencia, si la decisión de Marcos ha sido acertada o no, y se imaginará, irremediablemente, porque así es la prosa de esta laureada autora, la otra vida de Marcos en paralelo a la vida propia.

Tras alcanzar su final en la última página, no es el final para el lector o al menos no debería serlo. Final que queda planeando en la ductilidad del futuro. Un final solo alcanzable y que únicamente mostrará su verdad, cuando la luz se extinga entre los ecos de una vida intuida que ha crecido en la imaginación paralela a la vida real.

Para finalizar, “Biografía de un cuerpo” es un libro desgarrador, cargado de emociones que no debe dejarnos indiferentes. Es una gran enseñanza para los jóvenes que empiezan a labrar su futuro y para los adultos que muchas veces buscan en sus retoños aquello que ellos no fueron.

No me cabe duda que, en este libro, Marcos podría haberse llamado Mónica, del mismo modo que Mónica vive en Marcos, y sin lugar a dudas, permítaseme esta licencia, “Biografía de un cuerpo” es un libro extraordinario.


© J.C Atienza.



domingo, 6 de mayo de 2018

LA PUESTA EN ESCENA DE “AUTORES DE NAVALCARNERO”.

El pasado viernes, 4 de mayo, sucedió unos de esos acontecimientos que, más allá de romper la monotonía o la rutina de un pueblo, surgió para generar ilusión, aspecto éste que no deja de ser anecdótico cuando la apatía emerge como modelo ejemplarizante y a la sociedad, en general, se la condena a sucumbir al grisáceo horizonte que se han empeñado en dibujar e incluso representar.

Hoy, cuando las titulaciones se compran o bien se regalan, cuando ni siquiera hay el mínimo rubor ante tal insolencia a una sociedad sacrificada, un grupo de escritores, y de Navalcarnero, pretende, y cito textualmente: «Sin ánimo de lucro», fortalecer los cimientos culturales de la villa es, sin lugar a dudas, de una valentía envidiable y contagiosa.

Además de presentar un libro, hecho notable y destacable, libro que ya está en mis manos y que espera paciente su turno de lectura, no era la presentación lo más importante desde mi punto de vista, sino el proyecto que quieren llevar a cabo, ambicioso desde luego, también esperanzador y muy ilusionante con el que pretenden involucrar a los institutos y colegios de la localidad para fomentar e impulsar la creación literaria de sus jóvenes alumnos.

Desde esta pluma, que también escribe, pero sin ambición de ser escritor, me siento en la obligación de aplaudir esta iniciativa y de desearles el mejor de los futuros. Tampoco quiero olvidarme de esos jóvenes a los que animo a participar en ese proyecto, y que la plataforma de Autores de Navalcarnero sea un lugar de encuentro y cobijo donde encontrar el apoyo y el respeto por sus trabajos.
Es una lucha contra la mediocridad, una más, y en esta lucha no hay que escatimar esfuerzos. Ojalá los ecos ayuden a hacer grande esta iniciativa.
Mi enhorabuena.

© El embegido dezidor.  

sábado, 28 de abril de 2018

LAS ÉLITES. NADA NUEVO EN EL CAMINO.


Querido amigo:

Me dejaste la cabeza como el caldo hirviendo en una olla a fuego lento. Son muchas las ocasiones en las que me provocas cierta zozobra y no he podido resistirme a dedicarte esta carta.

Olvidas que los egos en cualquier profesión fluyen como la mala hierba, y en esta carrera hacia el éxito en la que se han convertido nuestras vidas, lo importante, más allá de los méritos, que en muchas ocasiones se tienen, importa más conseguir un nombre y una reputación para, una vez conseguido, aún es más valioso y vital para la propia supervivencia mantenerla.

Nada nuevo en el camino.

Para alcanzar tamaño objetivo no se escatimará en estrategias. Has de saber, y no hay novedad en esta afirmación, que en cualquier carrera hacia el éxito no hay individuos, sino escalones y descansillos, y cuando un pie se sitúa para proporcionarte sombra, lo hace para cercenar y nunca para dar cobijo.

Nada nuevo en el camino.

Ese afán de elitismo los llevará a conglomerarse en un grupo que, en la mayoría de los casos, se autodenominará «la Élite», que no es más que esa pretensión de buscar la tan ansiada diferencia. Las élites, así lo creen ellos, son grupos selectos y minoritarios, pero que, de ser mayoritarios, no serían considerados élite y buscarían denodadamente cómo convertirse de nuevo en élite.

Nada nuevo en el camino.

No busques amigos en esta carrera hacia el elitismo ni complicidades, que primero viene la traición y luego la asociación. El fin primero de todo elitismo es la exclusión: «Allí donde llegue yo que no lleguen los demás». Un elitismo que, siendo fiel a su estrategia, adoptará primero una posición defensiva, pondrá barreras y trazará trincheras para asegurar su trozo de pastel. Es, muy disimuladamente, una guerra directa contra cualquier amenaza.

Nada nuevo en el camino.

El fin último del elitismo es controlar aquella actividad en la que se desenvuelve. El elitismo siempre quiere más elitismo y no cejará en su empeño de convertirse en élite o en más élite. Es, aunque lo nieguen, la sempiterna lucha de clases. Y esto no es más que continuar con el mismo proceder de la humanidad desde los tiempos prehistóricos, la misma finalidad de entonces: perpetuarse.

Nada nuevo en el camino.


© El embegido dezidor.

domingo, 25 de febrero de 2018

DESIGUALDAD. Un interés premeditado.


La necedad de un presidente del gobierno (PP, para más señas) en las distancias cortas para explicar con un mínimo de solvencia y credibilidad sus políticas —concretamente la igualdad salarial—, desenmascara las verdaderas intenciones que le llevan a elaborar tales políticas.
            
Especular es una de las decisiones que, con más acierto, severidad y efectividad, ha efectuado este gobierno para la consecución de algunos de sus fines y estrategias. Y es precisamente la desigualdad de salarios la que impulsa el desarrollo e incluso el éxito de sus políticas.
           
¿Y cuáles son los beneficios de esta desigualdad salarial?
           
A corto plazo la polémica le interesa. «No hay mal que por bien no venga». La polémica sirve para disimular, ocultar, enturbiar e incluso olvidar los casos de corrupción que asolan a este gobierno.
            
Esta obstinación por mantener la desigualdad salarial, además de contentar a sus más allegados y simpatizantes, suscita una precariedad laboral que dispara la demanda de empleo al tiempo que emerge una alarmante necesidad de trabajo. De este modo consigue de una forma tan sencilla, reducir a la excepción las exigencias laborales de los trabajadores en los contratos. Se varía el perfil del contratado que, aumentando su preparación, aceptará una disminución de su salario y desempeñará un puesto de trabajo por debajo o muy por debajo de su preparación.

La desigualdad salarial es, además y por sí sola, una herramienta para mantener al enemigo dividido. Y en este caso particular, la mujer, por muchas otras razones de peso, no participará tan activamente en muchas de las reivindicaciones salariales cuando sabe que una vez que éstas terminen seguirá en clara desventaja.
            
Una rebaja en sus salarios en comparación con sus compañeros — hombres — y en relación al mismo puesto desempeñado, es un buen incentivo para su contratación. Mismo puesto, misma efectividad y un ahorro para la empresa y, a la vez, favorece su integración en el mercado laboral. Contribuye a mejorar datos y estadísticas de incorporación de la mujer al trabajo y justifica, como buena, esa desigualdad salarial porque, al fin y al cabo, cuando hay necesidad, lo importante es trabajar y la mujer está trabajando. Y si por un casual, la mujer no encuentra satisfacción en su trabajo porque sus beneficios se equiparan a los gastos y renuncia a su puesto de trabajo, dejará, junto a los jóvenes que marchan al extranjero a buscar trabajo, de engrosar las listas de parados. Otro éxito laboral.
           
Con la renuncia al trabajo de la mujer se crea una situación de dependencia. Vuelve al hogar y contribuye, sin querer, al éxito de otra de las políticas del gobierno: fortalecer la familia. Además, sus hijos, debido a todo lo dicho anteriormente, no podrán acceder a puestos cualificados y bien retribuidos porque sus estudios no alcanzarán los mínimos necesarios; y no lo harán porque no podrán estudiar por falta de fondos monetarios para pagar las tasas universitarias que han subido, desorbitadamente, con la clara intención de mantener una mano de obra barata que garantice la supervivencia de las «élites».
            
Y así la rueda está completa. El sistema, tal y como ha sido diseñado, funciona casi a la perfección. Como siempre hay excepciones, pero estas pueden solucionarse con nuevas leyes y con condenas que inflijan miedo a la población, en definitiva, un freno más, especialmente para la libertad del individuo, sea mujer u hombre.


© El embegido dezidor.

jueves, 22 de febrero de 2018

EXPOSICIÓN PLAYMOBIL. Un viaje por la historia.


He tenido la oportunidad de visitar la exposición de Playmobil de Rafael de Palacio, que tiene lugar en la Casa de la Cultura de Navalcarnero. Se trata, nada más y nada menos, que de un recorrido por la historia y las civilizaciones empezando por la prehistoria, continuando por Egipto, Roma y terminando en el medievo.

La exposición discurre a lo largo de dos salas que no son suficientes para el desarrollo de una temática que, si bien parece simple en un principio, cuando el visitante llega a su majestuoso final, además de impresionado, se siente huérfano. Y es así porque el cuerpo pide más. Se echan en falta tantas y tantas épocas de la historia que haría falta todo el edificio y posiblemente la ruina económica y algo más del creador de dicha exposición.

Pero esta exposición, que luce por sí sola maravillosamente gracias a un Rafael de Palacio que mima cada detalle, adquiere más relevancia aún porque tiene un doble valor. No se trata solo de un recorrido por una parte de la historia de la humanidad, sino que también es un recorrido por nuestra propia historia. Resulta curioso cómo uno puede emocionarse ante esos objetos inanimados que han formado parte de nuestra niñez o nuestra juventud. Resulta curioso también, cómo esos mismos objetos, que tantas veces hemos visto en los escaparates de cualquier comercio, en la televisión o que incluso los hemos regalado, despiertan esa nostalgia que falsamente nos acerca a instantes que no podemos siguiera acariciar, pero que nos hacen rejuvenecer y revivir, como si volviéramos a ver un capítulo de nuestra serie favorita, tiempos que ya parecían olvidados.

Ayer, rodeado de niños, pude marcharme a casa habiendo sido por unos minutos, mucho más joven e incluso niño.

© El embegido dezidor.

lunes, 12 de febrero de 2018

¿Igualdad?


Las palabras de nuestro presidente del gobierno, mal que nos pese, hablando, o para ser más exactos, eludiendo un debate que Islandia ha puesto encima de la mesa sobre la igualdad de salarios entre hombres y mujeres deja, sin menoscabo a equivocarme, al presidente de esta nación en una indignidad que roza lo irreverente y lo patético.

Islandia ha dado una lección, un primer paso que ha ruborizado a muchos de los países que se consideran en la primera línea del progreso y, como no, a España. La desvergüenza que atesora nuestro presidente, sitúa a la nación a la que representa entre «la chusma» de Europa. Es nuestra sempiterna «marca España».

Pero ¿alguien puede extrañarse a estas alturas de las palabras de nuestro «locuaz y augusto» presidente? La algazara sucedida en medios de comunicación y en redes sociales no deja de ser una pataleta más que, en muchas ocasiones, y especialmente en debates de televisión, roza lo cómico. España debe ser un país de ingenuos o estamos muy aburridos para hacer un espectáculo de lo que debería ser la más absoluta indiferencia en las urnas.

Si en algo se ha caracterizado este gobierno es en su empecinamiento por hacer de la igualdad un placebo para una sociedad cada vez más adocenada. Bien lo saben. Ahí tenemos, como ejemplo, una crisis que ha sido el maná para sus políticas segregacionistas. Ejemplos sobran: paro, sueldos ínfimos, contratos precarios, abuso laboral, tasas universitarias, impuesto energético, educación… ¿Se necesita más?

¿Igualdad cuando la desigualdad alimenta las élites? Seguiremos soñando sin resignarnos.

Y después de la fiesta, ¿les validaremos de nuevo con los votos?

© El embegido dezidor.

viernes, 26 de junio de 2015

Escuela pública. Sobre deserciones y desertores. I parte.



A nuestra dolida escuela pública le duelen los abandonos, especialmente aquellos que provienen de su seno, de aquellos a quienes la escuela alimenta cada mes, pero que, como amantes traidores, la besan mientras ponen su sexo en cuerpo ajeno, es decir, en escuela ajena.
            
Nadie nos va a negar que la escuela pública esté herida, y sus heridas nos duelen, nos duelen a aquellos que las sentimos, a aquellos que cada día erizan su nervadura para que todavía resista. Ellos, maestras y maestros, son, somos, los primeros en lamentarlo y en entristecernos. 




Ya no basta nuestro esfuerzo, nuestra dedicación, nuestra ilusión, nada de esto es suficiente para poder luchar contra las deserciones y los desertores, una terrible verdad que desgarra sus intestinos (los de la escuela pública) y que aparece, cada final de curso, como una enfermedad congénita instalada en sus entrañas que la va devorando con la cómplice caricia del brazo inquisidor de la administración.
           
 Y esto no parece tener solución porque la cura pasa por una conciencia renovada, y eso además de difícil, choca con un férreo muro construido sobre creencias populares, popularmente aceptadas, que en la mayoría de los casos son únicamente manifestaciones de fe; y es de todos sabido, que la fe no se sustenta en la razón, y donde no hay razón no se puede buscar solución. Y he aquí la semilla endiablada o enferma de la que también se han contagiado profesionales de la educación que maman, ya como parásitos, de la escuela pública.
             
Profesionales que se han olvidado, consciente e incluso alevosamente de ese principio fundamental de la buena pedagogía que es el ejemplo. Profesionales que se han convertido en mercenarios sin el más reparo moral, y no precisamente bien pagados, de la mano que dicta su desahucio y el de la escuela pública. Profesionales desertores que irán al mismo lugar donde vaya la escuela pública. ¿Caerán en la cuenta?
            
 Deserciones y desertores van poco a poco cercenando la esperanza de un futuro más prometedor para la pública y para los que todavía confiamos en ella porque, ¿no es deserción trabajar en y para la escuela pública y dejar la responsabilidad de la educación de los hijos en las manos clientelistas de la escuela privada-concertada?

J.C Atienza.

Foto obtenida de:  http://fotos.lainformacion.com/economia-negocios-y-finanzas/macroeconomia/aulas-vacias-vineta-j-r-mora_yrJvOTld7G6soGatPY0Ek6/




martes, 24 de junio de 2014

¿Debería ser la educación pública defendida por todos?

Decir a estas alturas que la defensa de la escuela pública debería ser un acto universal, una voz que uniera a todo un pueblo, no es decir algo insólito o extraño, aunque por ser estas, palabras tan manidas, suenen a utopía.

Todos y digo todos, profesores de la escuela privada – concertada y pública, así como empresarios experimentados o no, y todas las familias de este país con hijos o no en edad escolar, estén matriculados en escuelas públicas o privadas - concertadas, deberían estar en las calles en defensa de esa escuela pública, que tanto bien, y nadie podrá negarlo, nos ha hecho, nos hace y nos hará a todos.

Ignoraré todos los argumentos esgrimidos a lo largo de tantos años de lucha por conseguir una escuela pública lo más digna para todos y me centraré en aquellos que a todos nos unen independientemente de la procedencia, etnia, religión, sean pecheros, plebeyos, burgueses, nobles, estudien en colegios públicos o privados.

¿Por qué entonces la escuela pública debería ser defendida por todos?

-Porque mientras exista la escuela pública no faltará la publicación de rankings y otras fruslerías para entretener y ayudar a mantener a las escuelas privadas y concertadas con una publicidad gratuita sostenida por el Estado y comunidades autónomas.

-Porque gracias a que existe la escuela pública pueden desviarse fondos destinados a esta para saciar a las escuelas privadas-concertadas y subvencionar estudios con becas a aquellos que por su posición económica desahogada podrían pagarse los estudios de sus hijos sin dificultad.

-Porque mientras exista la escuela pública, las otras escuelas, privadas y concertadas, podrán seguir seleccionando a su alumnado, por ejemplo, según su rendimiento escolar o por su origen socio económico.

-Porque mientras haya escuela pública, las otras escuelas, privadas y concertadas podrán seguir experimentando y poniendo en práctica comportamientos tan poco pedagógicos y educativos como son la discriminación, la marginación, la exclusión, el aislamiento, el abandono..., e incluso investigar y profundizar en el desarrollo de teoremas y teorías de cómo invitar a las familias con niños con necesidades educativas o no, para que abandonen sus colegios y se matriculen en la pública porque, y son palabras textuales, los tratarán mejor.

-Porque mientras haya escuela pública un gran número de familias podrán ignorar sus orígenes y seguir soñando con el elitismo de sus hijos y el suyo propio, formando parte de ese grupo de selectos elegidos mientras sus monederos puedan seguir vomitando. «Tanto tienes tanto vales».

-Porque gracias a la escuela pública sus hijos no tendrán que convivir con personas de diferentes etnias, nacionalidades, ni con aquellos que por circunstancias diversas resultan incómodos, o con aquellos que no han sido ungidos de excelencia por la naturaleza o por Dios. Recuerdo que es ser buen cristiano favorecer a los más desfavorecidos. Es lamentable ver cada día cómo colegios religiosos ponen en practica estas conductas de segregación y exclusión por una cuestión económica y luego no falta el cepillo en las liturgias para «ayudar» a los mas necesitados.

-Porque la escuela pública estará ahí cuando la situación económica familiar se vuelva hostil, o cuando sus hijos sufran la discriminación por una sentencia, no escrita, que los clasifica en el grupo de los «incapacitados» por no alcanzar o satisfacer los resultados requeridos por unas direcciones que piensan en sus bolsillos, sin averiguar cuáles son los motivos o circunstancias que han conducido al alumno a su fracaso.

Y ahora, después de lo expuesto y para terminar, ¿se imaginan ustedes, empresarios, profesores y familias de la escuela privada y concertada cómo sería su escuela si no existiera la escuela pública? ¿Todavía creen que no tienen motivos para defenderla?

J.C Atienza.


domingo, 17 de noviembre de 2013

ESPAÑA ES UNA LIMOSNA.

España vive de la limosna. España es en sí una limosna y lo es porque es así como quieren verla. La limosna es un dulce pastel que nos regalan para disimular el desabrido sabor de una vida demudada: la nuestra. La limosna de nuestros hacederos de leyes, de imposiciones y de prohibiciones, es el regalo de una sonrisa al infausto necesitado, y es la sonrisa del infausto necesitado agradecido.

Unos, muchos, se alegran porque gracias a ella, a la limosna me refiero, miles de familias tienen algo que llevarse a la boca. Otros, muchos, se alegran porque es de envidiar la solidaridad de los españoles para con aquellos que sufren ahora que han comprobado dónde se encuentran los que viven y quieren vivir por encima de sus posibilidades. Pero hay otros, unos pocos, pero bastantes, políticos, gobiernos, empresarios, Iglesia... que también se alegran, y mucho, y se frotan las manos calculando los múltiples beneficios que este periodo de crisis imbuida e inoculada desde diversos despachos les está reportando.

Y están alegres, sus manos no pasarán frío porque el pobre, el despojado, el desahuciado... está aprendiendo a sobrevivir, a vivir con sus carencias, a subsistir gracias a la ayuda generosa de la familia, del amigo o del vecino. Se alegran porque ven cómo el pobre, el despojado, el desahuciado... resuelve el problema que ellos mismos han creado, se alegran porque el pobre, el despojado, el desahuciado... circundado de miseria no puede estar, ni ser crítico con el sistema porque sólo puede pensar en cómo solucionar el día siguiente que se le presenta hostil tras una noche no menos hostil. Están alegres porque el puño del obrero no se izará, y no lo hará porque ya no tiene quien le dirija, porque esa mente preparada e ilustrada ha sido despojada de todo cuanto se había labrado por una reforma laboral ignominiosa y concienzudamente elaborada. Están alegres porque no habrá ni más hoces ni más martillos, porque los soñadores no tienen tiempo para soñar, porque no habrá cazadores de sus utopías que puedan encabezar fuertes movimientos sociales. Están alegres porque la universidad, la escuela, se ha diseñado para unos pocos y se le niega a muchos. Están alegres porque el pobre, el despojado, el desahuciado... busca la limosna, la busca como buitre la carroña. Están alegres porque al pobre, al despojado, al desahuciado... lo han convertido en carroña, carroña que se resiste a ser carroña, carroña que besa arrodillada la mano que le da de comer: la mano de la santa iglesia y la inmaculada y siempre misericordiosa zarpa del político que la exhibe como única solución posible. Ejemplos tenemos, recomiendan no contratar a parados que no cobren la prestación y contratan a los mismos trabajadores que ellos despidieron por cantidades que extraña vez superarán los doscientos euros. Una limosna que invita a nuevos despidos o a la sugestiva y venerada genuflexión por parte del trabajador humillado en pública subasta obligado a trabajar siempre pujando a la baja.

Políticos, empresarios, Iglesia... se están frotando las manos, se regocijan de la miseria de otros y bailan su carnaval frente a la ingravidez de cuerpos que se aglutinan frente a sus manos. Y mientras sea su mano quien nos suministre alimento, el pobre, el obrero, el desahuciado, el despojado, en definitiva, a quien le han robado su trabajo y su dignidad, será un súbdito fiel, sumiso y veinticuatro horas dispuesto.

España se está acostumbrando a la limosna, un arma, grácil e inocente a primera vista pero capaz, por sí sola, de someter y esclavizar a las masas. Mientras haya limosna, no habrá soluciones.

La limosna lo que está consiguiendo es arrodillar a un país y mantenerlo callado. Si no fuera así, no nos conformaríamos con decir: Mejor una limosna que nada.

J.C. Atienza.