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lunes, 25 de marzo de 2013

CARTA AL AYUNTAMIENTO DE NAVALCARNERO.


Estimados Sres./Sras. del Partido Popular y conejales/as del ayuntamiento de Navalcarnero:

            De nuevo resurge la apuesta de su ayuntamiento por el aeropuerto con el que, a mi parecer, pretenden hacernos pagar gran parte de sus despropósitos. El aeropuerto es el certificado que muestra su incapacidad, su falta de ideas, de recursos e incluso de talento para ayudar a los ciudadanos de Navalcarnero a hacer de nuestro particular infierno un balneario más agradable. Entiendo que Eurovegas sea para ustedes ofrecer una oportunidad más a esos seis millones de parados para que en el juego puedan conseguir ese sustento que no pueden obtener en un trabajo porque no encuentran ustedes forma alguna de crear empleo. Pero esto no puede ser nunca una solución y mucho menos actuando a la deriva permitiendo un agravio incomparable para los ciudadanos españoles, otro más, que tendrán que seguir pagando impuestos, mientras esa pequeña ciudad-estado, como ya la vienen denominando estará exenta de una gran parte de ellos.
             
Es el momento de exigir, por hacer de su actividad una muesca de decencia y dignidad, aunque la salud no les importe, me refiero a la de los demás, un nuevo centro de salud que sea digno y público para todos los ciudadanos. Puede que sea mucho pedir, y más si es público, como comprenderán no puedo compartir ese ideario tan descaradamente vergonzoso de que la mejor forma de erradicar las enfermedades es no tener enfermos, y qué mejor que no tener enfermos que estos se hayan muerto. Pero si el Sr. Adelson puede traernos todo un país con su propia legislación e implantarlo en terreno de Alcorcón con la aquiescencia de nuestras administraciones y la suya propia, un nuevo centro de salud para Navalcarnero debe ser cosa minuta.
           
Les ruego a ustedes, representantes de Navalcarnero, tengan el valor de pedir, suplicar si es necesario, —ustedes ya han demostrado sagacidad en estas vicisitudes— a su nuevo mesías, el Sr. Adelson, al que idolatran con una veneración que ya quisiera la iglesia para sí, que tenga para bien la construcción de ese centro de salud en Navalcarnero. Para nosotros, ciudadanos o súbditos, sería altamente beneficioso, por fin tendríamos un lugar donde acudir a sanar nuestras enfermedades, a expiar nuestras culpas por haber enfermado seguros de no irnos con algunas patologías más a nuestras espaldas. Es mi deseo, espero no sea una utopía, que no se les ocurra cobrarnos una entrada. Tengan cuidado si esta es su idea porque parece que algún tribunal de justicia simpatiza con esos perroflautas antisistema y si no han permitido el euro en las recetas, tampoco creo que vayan a consentir el pago de una entrada previa para acceder al centro de salud. Piensen que una vez el nuevo estado Eurovegas o como decidan bautizarle, empiece a funcionar a pleno rendimiento, nuestro centro de salud será todavía más necesario y beneficioso para todos.
           
En primer lugar para acoger y paliar, entre otras patologías, los desvaríos provocados como consecuencia de la ingesta de sustancias o materias estupefacientes, así como de alcohol. Por otro lado, por una simple cuestión de conciencia, será necesario impartir terapias, más que para curar, para hacer seguimiento de los ludópatas, porque no es menester, y menos en estos tiempos, erradicar patologías que puedan suponer una merma en el consumo y lo que es peor, una pérdida de una clientela más o menos fija. Estarán de acuerdo conmigo en la necesidad de una atención médica inmediata y efectiva para el tratamiento de enfermedades de trasmisión sexual. Ya sé que los tiempos modernos llegaron a España, pero inmersos en un proceso de involución y de recortes tan brutal como el que estamos padeciendo, en una familia, al igual que en nuestra juventud, escasos todos de recursos, el uso del preservativo se ha convertido un capricho que está por encima de nuestras posibilidades.
           
Con el hospital la marca España será un poco más marca y menos mancha, al menos no será tan evidente su mediocridad y siempre podrán presumir no sólo de aeropuerto – poco importa que  las cosas no vayan muy bien para estas infraestructuras deficitarias –sino de contar además con un nuevo centro de salud. Y nosotros, sus ciudadanos, sus convecinos se lo agradeceremos, aunque nuestra salud, como la educación, les importe un pimiento.

Muchas gracias por su sincera dedicación a la política. Soy consciente que no son buenos tiempos, tampoco en política, y mucho menos para los políticos, siempre en el ojo del huracán. Estoy seguro que muchos de ustedes, a causa de esta concatenación de sucesos poco agradables que este país está sufriendo, viven con el alma sobrecogida.
           
Atentamente: La candila de la hacendera.


          

viernes, 17 de febrero de 2012

Voluntarios o servicio social obligatorio.

No cabe duda que el PP quiere finiquitar, vadear o evitar esta crisis que de seguir por los actuales derroteros, si nadie lo remedia, provocará una mano de obra exangüe, una clase social exprimida sin jugo sanguíneo para siquiera levantar la cabeza. El lenitivo para esta clase social exprimida y deprimida será, como está sucediendo, poner en su futuro centenares de kilómetros siempre al norte.

Su interés no está centrado en ahorrar costes en desplazamientos a quienes huyen buscando la solución a su crisis. Su imaginación se les ha disparado, de esto no hay duda, y mucho me temo que tanto derroche – en la misma línea que muchos de sus ayuntamientos – les pueda pasar factura en breve tiempo como parece ser que está ocurriendo en sus cabezas poco fecundas de grandes ideas.

Algunos de estos políticos, obnubilados por la búsqueda de un trono dentro de su partido político, que los conduzca al pabellón de la soberana deidad por haber encontrado la solución a la crisis mucho antes que sus compañeros de partido, o por hacer historia, no han encontrado mejor ocupación que jugar a enredarse en una espiral de procaz exaltación del disparate para conseguir su entronización. Esta es la meta: el dislate como una solución real y lo peor, virtualmente efectiva.

En estos eslabones nos encontramos entre otros a la actual alcaldesa de Madrid con su reciente discurso patético-político apelando a todos los ciudadanos de Madrid, que por esta ciudad y por España se ofrezcan voluntarios para cubrir todos aquellos puestos de los que la administración no pueda hacerse cargo. Con esta exaltación de sentimientos patrios intenta florecer el orgullo en jóvenes y mayores, principalmente del pijerío del lagarto y de algún que otro acólito cuyo voto popular fue más una venganza por una mala noche que el abuso de vodka le robó al descanso que de un convencimiento ideológico. Precisamente estos serán los primeros en negar su voluntariedad por ser de los pocos que mantienen su trabajo.

Pero no vamos a ser siempre pesimistas, al mal tiempo buena cara. Nuestra ilustre alcaldesa nos abre un camino cuya luz es nuestra esperanza – siempre con minúsculas –. Su plan de voluntariado habrá puesto la primera piedra para que todos los puestos de las administraciones públicas, hoy propiedad de funcionarios y de algún que otro despistado designado a dedo, sean cubiertos por un cuerpo de voluntarios. De este modo, habremos creado, a imagen y semejanza del servicio militar obligatorio, hoy felizmente superado, un servicio social obligatorio. Llegados a este extremo, será entonces cuando estaremos más cerca de exigir que el cargo de alcalde/sa, concejales, consejeros y demás prole política, sean cubiertos también por voluntarios.

Y aquí mi duda: ¿Serán capaces de ser consecuentes con sus propias ideas y actuar en consecuencia haciendo pedagogía con el ejemplo? ¿Será doña Ana Botella, posiblemente las más patriota entre las patriotas españolas en ejercitar su cargo voluntariamente?