sábado, 28 de abril de 2018

LAS ÉLITES. NADA NUEVO EN EL CAMINO.


Querido amigo:

Me dejaste la cabeza como el caldo hirviendo en una olla a fuego lento. Son muchas las ocasiones en las que me provocas cierta zozobra y no he podido resistirme a dedicarte esta carta.

Olvidas que los egos en cualquier profesión fluyen como la mala hierba, y en esta carrera hacia el éxito en la que se han convertido nuestras vidas, lo importante, más allá de los méritos, que en muchas ocasiones se tienen, importa más conseguir un nombre y una reputación para, una vez conseguido, aún es más valioso y vital para la propia supervivencia mantenerla.

Nada nuevo en el camino.

Para alcanzar tamaño objetivo no se escatimará en estrategias. Has de saber, y no hay novedad en esta afirmación, que en cualquier carrera hacia el éxito no hay individuos, sino escalones y descansillos, y cuando un pie se sitúa para proporcionarte sombra, lo hace para cercenar y nunca para dar cobijo.

Nada nuevo en el camino.

Ese afán de elitismo los llevará a conglomerarse en un grupo que, en la mayoría de los casos, se autodenominará «la Élite», que no es más que esa pretensión de buscar la tan ansiada diferencia. Las élites, así lo creen ellos, son grupos selectos y minoritarios, pero que, de ser mayoritarios, no serían considerados élite y buscarían denodadamente cómo convertirse de nuevo en élite.

Nada nuevo en el camino.

No busques amigos en esta carrera hacia el elitismo ni complicidades, que primero viene la traición y luego la asociación. El fin primero de todo elitismo es la exclusión: «Allí donde llegue yo que no lleguen los demás». Un elitismo que, siendo fiel a su estrategia, adoptará primero una posición defensiva, pondrá barreras y trazará trincheras para asegurar su trozo de pastel. Es, muy disimuladamente, una guerra directa contra cualquier amenaza.

Nada nuevo en el camino.

El fin último del elitismo es controlar aquella actividad en la que se desenvuelve. El elitismo siempre quiere más elitismo y no cejará en su empeño de convertirse en élite o en más élite. Es, aunque lo nieguen, la sempiterna lucha de clases. Y esto no es más que continuar con el mismo proceder de la humanidad desde los tiempos prehistóricos, la misma finalidad de entonces: perpetuarse.

Nada nuevo en el camino.


© El embegido dezidor.

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