sábado, 6 de octubre de 2018

BIOGRAFÍA DE UN CUERPO. Escrito por Mónica Rodríguez.






¿Quién no se ha sentido alguna vez inmerso en una vida ajena, en una vida que no le pertenece y aún peor, en una vida prestada?

En “Biografía de un cuerpo” queda plasmado este dilema en la figura de Marcos. Un protagonista que nos trasmite una querencia natural que le hace cobrar vida más allá de las páginas del libro y se instala en nuestras propias vidas, extrayendo de la memoria el moho que dejamos arrinconado en nuestro pasado y que intentamos ahuyentar con la ignorancia o la indiferencia, pero las preguntas, en su versión más incisiva y dolorosa, regresan como si el tiempo no las hubiese desgastado para hacernos zozobrar en nuestro actual presente. ¿Fueron las decisiones adecuadas y qué hubiera sido de nosotros si aquella decisión hubiese sido otra?

“Biografía de un cuerpo” resulta un libro íntimo e intimista y transparente a la vez en cuyas páginas se van desbrozando los sentimientos del protagonista a través de un lenguaje pulido, conciso y a la vez sencillo. Las descripciones, abundantes y acertadas, son como un proyectil que viaja directamente a instalarse en el corazón que va a ir sufriendo a medida que las páginas se van consumiendo.

El libro nos deja desnudos ante nuestra propia guerra interna y el lector, carcomido por los demonios de Marcos, se preguntará, con un prurito de venganza en su conciencia, si la decisión de Marcos ha sido acertada o no, y se imaginará, irremediablemente, porque así es la prosa de esta laureada autora, la otra vida de Marcos en paralelo a la vida propia.

Tras alcanzar su final en la última página, no es el final para el lector o al menos no debería serlo. Final que queda planeando en la ductilidad del futuro. Un final solo alcanzable y que únicamente mostrará su verdad, cuando la luz se extinga entre los ecos de una vida intuida que ha crecido en la imaginación paralela a la vida real.

Para finalizar, “Biografía de un cuerpo” es un libro desgarrador, cargado de emociones que no debe dejarnos indiferentes. Es una gran enseñanza para los jóvenes que empiezan a labrar su futuro y para los adultos que muchas veces buscan en sus retoños aquello que ellos no fueron.

No me cabe duda que, en este libro, Marcos podría haberse llamado Mónica, del mismo modo que Mónica vive en Marcos, y sin lugar a dudas, permítaseme esta licencia, “Biografía de un cuerpo” es un libro extraordinario.


© J.C Atienza.



jueves, 20 de septiembre de 2018

EXPOSICIÓN DE LOS 80.


LAS SÁBANAS DE LA NOSTALGIA.




A veces, la vida nos regala esos instantes en los que el pasado llega a tocar el presente o casi, y en los que el presente viaja en el tiempo hasta situarse en el pasado, aquel mismo pasado que una y otra vez hemos querido hacer presente.
         
Es lo que sucede cuando se visita la exposición organizada por el colegio público José Jalón de Navalcarnero. Una exposición llena de recuerdos que emergen desde cualquier punto, desde cualquier mirada; y es tal la intensidad de sus evocaciones que uno no puede sentirse solo porque a nuestro lado, y sin quererlo, emerge ese niño o joven que nos acompaña, que se reencuentra con nosotros y nos va narrando aquellos tiempos para rescatarnos de los estragos del olvido.

La exposición, sin lugar a dudas meritoria, consigue reverdecer una emoción que alcanza su punto álgido cuando, llevados de la mano por una nostalgia que está muy viva durante todo el recorrido, nos convierte en protagonistas de aquel pasado, atesorando de nuevo una juventud floreciente que renace con un ímpetu más calmado y un sosegado discurrir entre los años que dieron a luz a todos esos objetos expuestos.

Llegado el final, cuando todo termina, envueltos en los recuerdos recientemente despertados por el mágico hechizo de esas almas inanimadas expuestas con generosidad y el silencio que se despereza, lloramos sobre las sábanas de la nostalgia, y de nuevo en el presente, el pasado es más pasado.

Una gran exposición que hace que el visitante, tras concluir su visita, revalorice aquellos años vividos más intensamente.

© José Carlos Atienza.

domingo, 9 de septiembre de 2018

LA ZOZOBRA DEL VINO.


Nunca me había sucedido en mis más de treinta años habitando en esta villa, a Navalcarnero me refiero, tan extraña situación que, de la perplejidad y el asombro, viajó a la ira con tan suculenta velocidad. Nunca me resultó tan difícil tomarme un vino con esa paz que viaja con un llanero solitario dispuesto a disfrutar de su sabor, y también de ese momento íntimo sin otra perturbación más que las propias oscilaciones del pensamiento.

El problema, y el desasosiego posterior, fueron creciendo a medida que la incómoda situación se iba repitiendo como si de una norma establecida se tratara. Y fui a por mi primer vino, que no fue uno, sino que la compañía contribuyó, tal vez, al galimatías posterior, y al recibir la cuenta el resultado final se había inflado, que no desinflado. La razón nos conduce a la comprensión y el error, algo por otro lado tan humano, siempre es una posibilidad que está ahí presente. Solucionado el inconveniente, siempre con buenas palabras y recibiendo, como no debe ser de otra manera, las disculpas del joven empleado, nos dispusimos a continuar, ahora sí, con un tema en concreto, a discutir sobre este inconveniente sufrido.

La segunda taberna que visitamos, ocurrió más de lo mismo. La cuenta de nuevo inflada, que no desinflada, hizo que nos preguntáramos si algunos empleados estaban sacándose una ampliación de sus salarios a costa de la confianza de sus clientes.

Me fui de regreso a casa con los pensamientos buscando soluciones. Acabé en una tercera taberna, y el resultado, siendo la cuenta tan fácil, fue la hinchazón del producto que alcanzó cuotas más propias de los mejores y exclusivos caldos del país. Ante mi incomprensión, reclamé lo que consideré justo y que resultó que así era. La empleada, en este caso, reconoció que se había equivocado, al tiempo que tuve que escuchar risas y comentarios de difícil transcripción.

Flacos favores se hacen a sí mismos si se creen que cualquier persona es válida para atender las mesas en una terraza o en un restaurante. La profesionalidad, o al menos la responsabilidad de todos los integrantes de un negocio, es fundamental para el buen funcionamiento de éste.

Tal vez, ahora, alguno se pregunte por qué ese bar, taberna o restaurante no alcanza las visitas que antaño obtuvo.

© El embegido dezidor.

miércoles, 5 de septiembre de 2018

"PONTE UN LAZO, PÓNSELO". Sobre Cataluña y otras naderías.


No es que no quiera ver la realidad, pero es que hay veces que jugaría con ella como si fuera un juguete de niñez. No es que quiera ignorar las razones, pero a veces esta razón parece el fruto nacido de una mutación, precisamente de ese mismo fruto. Y no es que no quiera profundizar en la importancia de los hechos y de los actos, pero hay veces que tal profundidad se difumina entre coloridas iniciativas que, por abuso e intolerancia, acaban provocando mofa.
            
Y digo todo esto por la campaña de lazos amarillos que, tanto unos como otros, tanto los que los colocan como los que los retiran, se han empeñado en popularizar hasta la comedia y la extenuación.
            
Y dicho lo dicho, tengo que decir a Ciudadanos que su política de retirada de lazos amarillos es un error de estrategia que deja en evidencia el enorme secarral de quien la creó y de quienes comulgan con ella. Es un error porque mutila cualquier otra iniciativa similar encaminada a defender unos derechos, a solidarizarse o incluso a contribuir a la belleza ornamental de la ciudad, pueblo o espacio público.
            
Señores políticos, establezcan campañas más simples como, por ejemplo, «Pon un lazo en tu vida. Pónselo», porque además de decorar las calles, convertimos espacios públicos en escenarios de solidaridad. Abran sus mentes y dejen rienda suelta a la creatividad. Promuevan, porque esa es su labor, la creación, la suma en definitiva y no la resta.
            
¿Por qué retirar los lazos amarillos? 
            
A quienes tanto les molesta ese lazo amarillo porque les disturba, porque no les gusta el amarillo o por las razones que sean, no deben sentirse desafortunados. En una sociedad democrática como la catalana, que además presume de democrática y de ejemplo democrático, entenderá a la perfección, sin resquicios ni ranuras, que cada ciudadano, sin importar su condición ni religión, tenga a bien, sin preguntar las razones que le motivan a ello, colocar, cerca o al lado del lazo amarillo, otro lazo, por ejemplo, de color verde como defensa del medio ambiente o como solidaridad con las personas que sufren trastorno bipolar. Y si es cuestión de demostrar la fe, póngase un lazo blanco porque se es un firme defensor de la paz y, además, habrá formado la bandera de Ciudad del Vaticano. Y si nos solidarizamos con los enfermos del Sida, se coloca un lazo rojo o si se quieren dos, por eso de ser más solidario, uno a cada lado y ya tienen otra bandera, y si no se quiere abusar, por eso de no acaparar y se quieren solidarizar con la violencia de género, coloquen el lazo morado y ya obtengo los colores de la República. Y quien dice un lazo habla también de sombrillas, que el espacio público es común y lo común es de todos como el sol y el viento.
            
Para terminar, señores y señoras de Ciudadanos y alérgicos al lazo amarillo, el conflicto quedaría resuelto pues nadie, en su sano juicio, se negaría a tan exultante expresión de solidaridad, y se agradecería tan cuidada y económica ornamentación de las calles donde primaría sobre todo la variedad, algo por otro lado, tan pedagógico en una sociedad global como la que padecemos.
            
No lo duden. Pongan un lazo, el que sea. ¿Se lo imaginan? Sería la ciudad de los lazos o la ciudad de la solidaridad. Un ejemplo para todo el mundo. Un ejemplo a imitar que se extendería por todo el planeta.

¿Y qué tal si lo patentamos?

© El embegido dezidor. 

viernes, 31 de agosto de 2018

La mala educación IX. ¡QUÉ BIEN VIVEN LOS MAESTROS!


¡QUÉ BIEN VIVEN LOS MAESTROS!

Si antes, y no hace tantos años, después de comer era costumbre la copa y el puro, en estos años actuales donde todo se ha dulcificado, sigo sin renunciar a la copa, pero el puro lo he sustituido en esta época estival por esa frase que lanzo como un exabrupto y que tanto ayuda a la digestión como reconforta el espíritu: ¡Qué bien viven los maestros!

Y lo digo cuando muchos vienen a llenar de nuevo el espacio vacío que dejaron con su marcha estival, cuando agosto anuncia su final en el calendario, y lo digo muy alto y en cualquier lugar que me encuentre y muy especialmente en terrazas veraniegas, restaurantes, así como en tertulias y reuniones familiares.

Tampoco voy a negar que, aunque ya jubilado, este tiempo de estío y ocio es un bien innegable para la salud en el que, además de lucir un moreno natural, justo en su punto de cocción, rejuvenece unos años y renueva las ilusiones. Por otro lado, son tantos y tantos los planes que se han llevado a cabo que todavía harían falta unos meses más para poder terminar los que se han quedado a medias o a punto de empezar.

Para nosotros, maestros y maestras, profesoras y profesores, son fechas en las que no hay horizontes, en las que el sol marca, como antiguamente, las horas. Los días de la semana, como me dijo un buen amigo profesor, pierden hasta su nombre. Nunca, como en estas fechas y por tanto tiempo, se consigue una igualdad de tal magnitud en el calendario. Durante unos meses, no hay distinción entre los días obreros de los días nobles. Sólo algunas fechas cobran importancia, especialmente la que marca el principio y el final de las vacaciones, el resto, vive en una soberana indiferencia de modo que, si las borrasen del calendario a nosotros, maestros y maestras, no nos importaría.

Y ahora, a las puertas de septiembre, cuando me preguntan con satisfacción en su rostro y ese aire de venganza y mala leche: «¿Ya os queda poco para empezar?» Yo, más me vanaglorio de mi profesión y les contesto: ―Aún me faltaría un mes. Y es que «¡Qué sana puede llegar a ser la envidia!»
¡Qué bien viven los maestros!

© El embegido dezidor.

domingo, 6 de mayo de 2018

LA PUESTA EN ESCENA DE “AUTORES DE NAVALCARNERO”.

El pasado viernes, 4 de mayo, sucedió unos de esos acontecimientos que, más allá de romper la monotonía o la rutina de un pueblo, surgió para generar ilusión, aspecto éste que no deja de ser anecdótico cuando la apatía emerge como modelo ejemplarizante y a la sociedad, en general, se la condena a sucumbir al grisáceo horizonte que se han empeñado en dibujar e incluso representar.

Hoy, cuando las titulaciones se compran o bien se regalan, cuando ni siquiera hay el mínimo rubor ante tal insolencia a una sociedad sacrificada, un grupo de escritores, y de Navalcarnero, pretende, y cito textualmente: «Sin ánimo de lucro», fortalecer los cimientos culturales de la villa es, sin lugar a dudas, de una valentía envidiable y contagiosa.

Además de presentar un libro, hecho notable y destacable, libro que ya está en mis manos y que espera paciente su turno de lectura, no era la presentación lo más importante desde mi punto de vista, sino el proyecto que quieren llevar a cabo, ambicioso desde luego, también esperanzador y muy ilusionante con el que pretenden involucrar a los institutos y colegios de la localidad para fomentar e impulsar la creación literaria de sus jóvenes alumnos.

Desde esta pluma, que también escribe, pero sin ambición de ser escritor, me siento en la obligación de aplaudir esta iniciativa y de desearles el mejor de los futuros. Tampoco quiero olvidarme de esos jóvenes a los que animo a participar en ese proyecto, y que la plataforma de Autores de Navalcarnero sea un lugar de encuentro y cobijo donde encontrar el apoyo y el respeto por sus trabajos.
Es una lucha contra la mediocridad, una más, y en esta lucha no hay que escatimar esfuerzos. Ojalá los ecos ayuden a hacer grande esta iniciativa.
Mi enhorabuena.

© El embegido dezidor.  

sábado, 28 de abril de 2018

LAS ÉLITES. NADA NUEVO EN EL CAMINO.


Querido amigo:

Me dejaste la cabeza como el caldo hirviendo en una olla a fuego lento. Son muchas las ocasiones en las que me provocas cierta zozobra y no he podido resistirme a dedicarte esta carta.

Olvidas que los egos en cualquier profesión fluyen como la mala hierba, y en esta carrera hacia el éxito en la que se han convertido nuestras vidas, lo importante, más allá de los méritos, que en muchas ocasiones se tienen, importa más conseguir un nombre y una reputación para, una vez conseguido, aún es más valioso y vital para la propia supervivencia mantenerla.

Nada nuevo en el camino.

Para alcanzar tamaño objetivo no se escatimará en estrategias. Has de saber, y no hay novedad en esta afirmación, que en cualquier carrera hacia el éxito no hay individuos, sino escalones y descansillos, y cuando un pie se sitúa para proporcionarte sombra, lo hace para cercenar y nunca para dar cobijo.

Nada nuevo en el camino.

Ese afán de elitismo los llevará a conglomerarse en un grupo que, en la mayoría de los casos, se autodenominará «la Élite», que no es más que esa pretensión de buscar la tan ansiada diferencia. Las élites, así lo creen ellos, son grupos selectos y minoritarios, pero que, de ser mayoritarios, no serían considerados élite y buscarían denodadamente cómo convertirse de nuevo en élite.

Nada nuevo en el camino.

No busques amigos en esta carrera hacia el elitismo ni complicidades, que primero viene la traición y luego la asociación. El fin primero de todo elitismo es la exclusión: «Allí donde llegue yo que no lleguen los demás». Un elitismo que, siendo fiel a su estrategia, adoptará primero una posición defensiva, pondrá barreras y trazará trincheras para asegurar su trozo de pastel. Es, muy disimuladamente, una guerra directa contra cualquier amenaza.

Nada nuevo en el camino.

El fin último del elitismo es controlar aquella actividad en la que se desenvuelve. El elitismo siempre quiere más elitismo y no cejará en su empeño de convertirse en élite o en más élite. Es, aunque lo nieguen, la sempiterna lucha de clases. Y esto no es más que continuar con el mismo proceder de la humanidad desde los tiempos prehistóricos, la misma finalidad de entonces: perpetuarse.

Nada nuevo en el camino.


© El embegido dezidor.