sábado, 19 de noviembre de 2011

TRÉBOLE: La coronación de la mediocridad.

Las escuelas infantiles y la educación en general están sufriendo vejaciones sin parangón en la historia de este Estado. La aniquilación de los principios básicos de igualdad y derechos están siendo continuamente torpedeados y pisoteados desde una administración que persigue, con demasiado empeño y obcecación, la vuelta a fórmulas medievales que toda sociedad de progreso ha superado hace mucho tiempo.

Trébole no podía ser ajena a esta situación, pero muy lejos de poner el mayor remedio ante esta vorágine de medidas contrarias a la educación y al progreso de una sociedad, participa en esta condena, sumándose a los mínimos estipulados, contrarios a cualquier principio educativo. Ya ha conseguido todo cuanto anhelaba: hacerse con la gobernabilidad de la escuela,

Difícilmente un país puede alcanzar mayores cotas de progreso si en él impera la misma mentalidad cicatera de la empresa Navagroup. s.l.. Es difícil evolucionar, y desde luego esta escuela no lo hará, cuando la meta que la dirección se propone no es subir un escalón más, no es llegar un poco más lejos, ser un poco mejores; tampoco lo es el conseguir un grado de excelencia educativa que las pueda distinguir de las demás escuelas como lo venía siendo hasta ahora. Hoy, desgraciadamente, la meta está en llegar a lo más profundo del lodazal de mediocridad en que se está convirtiendo el mundo educativo y concretamente la educación en las escuelas infantiles. Ahora, el objetivo es llenar aunque sea de estiércol la cuenta bancaria. Trébole renuncia a crear o a imitar actitudes y/o programas educativos que puedan presumir de excelencia. Trébole aspira a ser la más mediocre, o al menos tan mediocre como la que más, a limitarse a cumplir los mínimos establecidos por esta ley sin valorar el perjuicio que ello conlleva.

Ante esta locura que amenaza con no dejar títere con cabeza en esta escuela, su dirección debería exponer ante sus educadoras primero y ante los padres después cuáles van a ser las directrices que va a seguir, su proyecto educativo si lo hay, o las maravillas de su complejo residencial, y hablar sobre la ratio y la cualificación de sus educadoras en un futuro. Pero esto, que es un ejercicio de coherencia y sentido común, es como pedir peras al olmo a una dirección que se caracterizada por haber perdido el polo magnético de la razón y la coherencia.

Las primeras actuaciones de la empresa como agradecimiento a sus educadoras, tanto a las acólitas como a las díscolas, es la rebaja de sus salarios y la amenaza con despidos. Amenaza que ya se ha cumplido.

A las familias, tanto a las acólitas como a las díscolas, su recompensa será la práctica disminución de los apoyos a algo meramente testimonial, sin funcionalidad; la proliferación de grupos mixtos valorando por igual, la evolución madurativa de los niños y el beneficio económico para la empresa: “cuantas menos vacantes más llenamos las arcas”. La practica inutilidad, por inexistente, de un plan educativo que contenga unas dosis de racionalidad coherentes que pueda llevarse a cabo con las garantías que hasta hace poco gozaba.

La dirección por tanto abandona, podría decirse que sin vergüenza ni disimulo, todo carácter educativo centrándose en lo meramente asistencial o residencial. Disminuyen estrepitosamente los gastos pero aumentan los beneficios. Renuncia a la calidad de enseñanza con una pretendida renovación de toda su estructura interna, sacrificando ese prestigio que había conseguido en sus veinte años de funcionamiento. Una remodelación a la baja, a lo mínimo, que está siendo convulsa.

Todas estas medidas aportadas por la dirección provocarán a corto plazo, como ya ha ocurrido, un baile de educadoras – en dos meses han pasado tres educadoras por Campanilla y ya ha habido bajas voluntarias y despidos en Trébole –. Este baile, que es un castigo innecesario para los más pequeños, se hubiese solucionado si desde un principio la empresa hubiera puesto todo su empeño en solucionar, o al menos en atender lo más posible, las situaciones de sus educadoras, encontrando entonces el dinero que ahora parece sobrarle.

Ante esta deprimente situación, me pregunto si llevar a los hijos a esta escuela, se convertirá en un futuro muy cercano, en una actividad temeraria e irresponsable por parte de los padres.





jueves, 17 de noviembre de 2011

TRÉBOLE: Del encomio de la argucia al elogio del artificio.

Se resolvió el tan esperado y deseado concurso. Ya podemos afirmar y proclamarlo a los cuatro vientos, por mares y continentes e incluso más allá del espacio exterior, inundados de una murria felicidad, que Trébole ya tiene dueño, o para ser más exacto, que sus antiguos dueños ahora son más dueños que nunca.

¿O será todo lo contrario?

Me pregunto si no será el ayuntamiento quien ejercerá todo su poder inquisitorial para, con sus ya características caricias lingüísticas, disimular acarameladas tiranías e imposiciones ante una aquiescente, como siempre, dirección de Navagroup s.l.. La fiel empresa ejecutará cuanto le sea trasmitido con disciplinada obediencia, arrodillada ante la conspicua figura de todo un equipo de gobierno municipal al que dirá “Sí” una y otra vez como pago al enorme favor recibido al ser benefactores de un concurso. Esta es posiblemente una de las grandes y poderosas razones que han llevado al ayuntamiento a la concesión del mencionado concurso: poder seguir ejerciendo, a través de la gobernabilidad de una de las escuelas, la más grande, la más esbelta, la que ha recibido una mayor inversión, una labor principalmente propagandística.

Curiosamente se confirma lo que meses antes, desde los mentideros de Navalcarnero, se daba como un hecho inexorable: la escuela infantil Trébole se adjudicaría a la misma empresa.

Ahora, con uno de los procesos más deplorables concluido, atrás queda todo un sendero de rastrojos como testigos insolentes de cuántas insidias han sido necesarias para llegar hasta donde se ha llegado. La dirección de estas escuelas, siguiendo las doctrinas del ayuntamiento o viceversa, no ha tenido escrúpulos para desacreditar en público documento, aunque fuera bajo la sombrilla de un pueril y mal disimulado comportamiento, la labor de las educadoras, de sus empleadas, lacerando su propio prestigio, dejándolas en una situación de desamparo, exponiéndolas públicamente para recibir escarnio si el público lo estimara oportuno, e incluso empujándolas al «suicidio» educativo, que ahora, una vez resuelto el concurso, se les pedirá, rubricando con su firma, otorgar a la dirección la facultad de poder cometer, con absoluta impunidad, cuantas "tropelías" educativas se imaginen y reafirmarse en las ya cometidas, —sirva como ejemplo la formación de grupos mixtos de alumnos — y lo más grave e irónico para las educadoras: consentir su propia «inhabilitación forzosa» que les impedirá seguir ejerciendo con garantías para sus alumnos una labor educativa digna. Serán reconvertidas en auxiliares, cuya principal misión y tal vez única sea la de observadoras y acreditar, con su presencia, que la escuela funciona, aunque sólo sea un pequeño refugio para que los niños no pasen frío, o si se tercia, incluso jugar en el aula o en el patio.

De esta forma, y casi sin querer, se expondrán a las familias con todo lujo de detalles, e incluso con presentaciones ostentosas de Power Point, que se están ejecutando y cumpliendo proyectos y objetivos: manipulación de utensilios (juguetes) destinados a potenciar la recreación visual - artístico - lúdica y recreativa de los más pequeños; fomento de la interactividad social, la autonomía e independencia; adquisición de destrezas manipulativas (la pinza) adquiridas por el contacto reiterativo de sus cuerpos con la arena; aumento de la interactividad con el medio urbano sin indicaciones previas; fomento de la intuición, adquisición de estrategias de supervivencia infantil en el aula, defensa personal, apropiación de objetos evitando ser descubierto por la observante auxiliar en educación, utilización de la fuerza como principal vehículo para la consecución de los deseos y frustraciones; adquisición de orientación espacial y desenvolvimiento autónomo sin la participación directa ni indirecta del personal “cualificado” que gobierna el aula; y sobre todo, trasmitir a los niños la excelsa sensación de sentirse con libertad y vivirla con todo el exceso que el término permite. Pero no hablarán de los apoyos. ¿Y la ratio?

La dirección, en su última y urgente reunión con sus empleadas, confirma cuanto ya se veía venir, cuanto se anunciaba a gritos aunque no todos quisieran oírlo: adiós al antiguo proyecto educativo, el mismo que se defendió ante un ayuntamiento cuando era de todos sabido que no podría ejecutarse por las condiciones en las que se dictaba el concurso. Ahora que los ojos necesitan volver a ver y mientras la incredulidad se va perdiendo en tímidos lamentos, la preocupación emerge cargada de una sonrojante vergüenza.

El nuevo proyecto educativo, si lo hay, se construye desde la miseria, desde la copia miserable de otras escuelas acreditadas en su mal funcionamiento. La justificación la encuentran amparándose en una ley, que desde las mismas escuelas, incluida la propia dirección, han criticado una y otra vez. El proyecto es mera ceniza, nace quemado y nunca fue ni es lo importante como hicieron creer a las familias.

Es hora de sentarse en la butaca y regocijarse en el escatológico espectáculo que se anuncia como un gran estreno y que no ha hecho más que empezar. En la pantalla, una exposición no adecentada para todos los públicos. Una espectacular bajada de pantalones o subida de faldas. El argumento: del encomio de la argucia al elogio del artificio.

lunes, 7 de noviembre de 2011

La hora de las contrapartidas.

La nueva reunión de las familias de las escuelas infantiles el pasado 28 de octubre pone un punto a un desgraciado ciclo, liado y anudado una y otra vez por las partes implicadas. El punto no está claro si es seguido o es final, si todo se ha solucionado o es una estratagema para ganar tiempo. En cualquier caso, desde las A.M.P.A.S y desde la dirección de la empresa, parece haberse finiquitado el problema. Lo corrobora una frase nacida desde la propia empresa, que siendo de justicia agradecida, es preocupante. La frase en cuestión viene a agradecer a las familias todo el esfuerzo que han dedicado para que las escuelas infantiles recuperasen temporalmente su normalidad.

No cabe duda, que esta noticia pone regocijo y también satisfacción. Calma las ansiedades de las educadoras y entibia un poco los ejercicios matemáticos necesarias para llegar a fin de mes. Pero llama la atención que sea la empresa de las escuelas quienes agradezcan las iniciativas emprendidas por las familias cuando en sus múltiples reuniones, directamente con el personal del ayuntamiento, no encontraron la más mínima esperanza de solución. Resumiendo, que las familias le han resuelto el problema a la empresa, y esta sin “mojarse”.

Hay que recordar que dos días antes de la reunión de las familias celebrada tiempo atrás en los salones de un restaurante de las afueras, los representantes del ayuntamiento habían negado que hubiese dinero. La reunión para las familias fue todo un comienzo de intenciones y principio de iniciativas organizadas que incluía la todopoderosa y tan temida prensa. A estas iniciativas habría que añadir otras de carácter personal que incomodarían sobremanera a la empresa y colateralmente al Ayuntamiento. Hablo de otras nuevas denuncias que se unirían a las ya existentes que la empresa debería afrontar con unos fondos económicos antes inexistentes, y hoy, después de lo visto, dudosos. Y sin olvidarnos de una huelga programada y legalizada que iba a tener repercusión en los medios de comunicación.

Hilando cada una de las circunstancias citadas, me conducen a pensar que pueda haber una estrategia diseñada para ganar tiempo. Una estrategia consistente en esperar a que los vientos se vuelvan más favorables y evitar en lo posible, perjudicar más la imagen de un Ayuntamiento perdido en la vorágine de sus deudas. La prueba es que con el pago de los salarios, se disuelve de un plumazo todo lo acordado en la reunión de padres, se detienen las incipientes amenazas de denuncias y se desconvoca una huelga programada y ya legalizada. Se anuncia además, una normalidad que no se puede asegurar y se consigue adormilar un frente que empezaba a incomodar.

Ahora en este nuevo periodo de paz o de tregua que comienza, no se debería desunir lo unido, y la fuerza conseguida, no debiera debilitarse en una prolongada y complaciente espera. Es ahora que a las A.M.P.A.S se les ha reconocido su poder por la propia empresa, cuando a través de los consejos escolares, debieran reclamar contrapartidas por esta inestimable ayuda prestada. Es un buen momento para exigir el aumento de apoyos, independientemente de los mínimos establecidos por la Ley, porque todos sabemos que esta Ley no es ni inteligente ni garantía de progreso. Sabemos que supone, muy al contrario, una involución, un regreso a tiempos pretéritos que ya se habían asumido como irrepetibles. Es además, la espada traicionera con la que se quiere herir de muerte a las escuelas convirtiéndolas en residencias infantiles, guarderías para los amigos de la sencillez. Tendrían que preguntar si admitirán los grupos flexibles, que están alcanzando gran auge entre las escuelas a pesar de saberse que no es lo más educativo ni beneficioso para los propios alumnos. Y habrá que preguntarles si en su proyecto educativo, el mismo que denostadamente defendieron padres y madres de las escuelas, incluirán también el aumento de ratio e incluso una rebaja en la cualificación del personal docente.

En definitiva, no habría que bajar la guardia.
Vaya por delante mi deseo que se haya encontrado la solución, que la normalidad vuelva a imperar en las escuelas y que el sentido común también recupere parte de su parcela perdida y vaya a continuación mi preocupación, creciente por todo lo que rodea al mundo de estas escuelas y de la educación en general.
Es posible que exista quien afirme que veo fantasmas. No se lo podré negar, seguramente sea la resaca de “jalogüín”.

jueves, 20 de octubre de 2011

Una victoria de la razón.

 Parece que aquellas viejas palabras que otrora fueron críticas con con las actitudes e iniciativas de la escuela municipal infantil Barco de papel, han ayudado a desbancar a la incongruencia y han dado lugar a descubrir la otra cara de la moneda, oculta durante los últimos cinco meses por una insidiosa complacencia en negar su existencia.
Ahora, con esta nueva cara, la cara de lo razonable donde quiere reposar la razón, una razón acelerada por la emoción que le ha producido su descubrimiento, quiere recuperar el terreno perdido, y a tal fin se convocó una asamblea en la que estaban llamados a participar todos los padres y madres, así como educadoras de las diferentes escuelas.
No podemos dudar que tal asamblea, propiciada desde el AMPA de la escuela infantil Barco de papel, es un acierto. Su primer objetivo es propiciar una unión, un mismo frente y un mismo discurso, y si este no se desvirtua entre palabras temerosas, entre escritos poco objetivos e intenciones poco claras, debería ser el principio de una maquinaria con posibilidades de lograr objetivos favorables para la educación de los más pequeños, olvidándose de a quien pueda perjudicar y a quien pueda beneficiar.
No será tarea fácil atemperar posiciones actualmente intransigentes provocadas por aquellas que desde el oscurantismo, desde el aislamiento premeditado con la compañía seleccionada, buscaron apoderarse y apropiarse de una razón a la que sin nombrar, defendieron como única o verdadera o absolutamente verdadera. Posturas que se invistieron de profetas, alumbrando secretas profecías sermoneadas para tiranizar y sumar sumisas o ignorantes (por desconocimiento) voluntades. Persiguieron, casi endemoniadamente, como principal objetivo, hacerse con un nombre destacado entre las familias desde el que, una vez erigidos en el altar de la obstinación, satisfacer otras necesidades paralelas al problema que acuciaba. Pero este cambio de rumbo no puede más que ir sumando a medida que las iniciativas se vayan produciendo.
La unificación de criterios es una obligación sobre la que se debe trabajar para que las familias luchen por salvar una escuela, aunque no haya unanimidad en qué tipo de escuela se quiere salvar.
En principio, las dos AMPAs deberán pelear porque sea quien sea quien esté al frente de las escuelas, la empresa que las gobierne tiene que garantizar su sostenibilidad y es en este punto en el que deberían centrarse. Para ello hay que, como se pretende hacer, tender puentes, y deben apuntar a las educadoras, un peldaño más de la escalera cuyo problema amenza con derrumbar la débil contrahuella que todavía mantiene firme a unas escuelas a punto de convertirse en una actividad de riesgo. Hay que unir a un profesorado dividido y herido. Hay que volver a dignificar la figura de las educadoras, tan cuestionada desde algún escrito germinado desde una de las escuelas, y cortejar a la empresa para compartir la punta de lanza de una pelea que debe comenzar y pronto, con seriedad, rectitud y ganas por defender el derecho de todo ciudadano a recibir una educación de calidad. Algo a lo que nadie podrá posicionarse en contra.
Será entonces el momento de volver a exigir que todas las piezas de este complicado y cada vez más enrevesado puzzle, sean entregadas a quienes corresponda por quien corresponda para que sigan casando como lo habían hecho hasta ahora, y será entonces el momento de exigir una escuela activa que se aleje por siempre de la tentación económica que la quiere trasformar en un complejo residencial. Después, juntos, en torno a una mesa, discutir qué más se puede hacer para convertir estas escuelas en un modelo envidiable, un tesoro del que nadie, ni siquiera una mente con poderosas ataduras intelectuales, imbuida en un febril retorcimiento por inocularse de una ilustrísima sabiduría lo pueda echar a perder.
La reunión del pasado día 13 de Octubre fue un ilusionante atisbo de razón, y aunque en todo este asunto de las escuelas infantiles cada vez es más difícil entender qué sucede y qué intereses priman, no pueden las familias dejarse convencer y mucho menos manipular, para defender intereses disfrazados de particulares conveniencias.
Ha costado cinco meses para que las posturas de padres y educadoras encuentren una plaza en la que reunirse y organizarse. Desconozco cuál será su futuro, pero si algo se puede decir, es que después de cinco meses, la razón consigue una victoria.

domingo, 16 de octubre de 2011

Carta dirigida a alcaldes/as y presidentes/as.

Estimados excelentísimos señores alcaldes de cualquier pueblo o ciudad que la voluntad popular les puso en la responsabilidad de gobernar, de dirigir y hasta de facilitar la vida de quienes depositaron su confianza en ustedes.
Desde la insolencia que provocan las vacuas palabras con las que frecuentemente ustedes nos regalan en sus discursos, recogidas, muchas de las veces, desde el pozo de la senilidad moral, nacen estas palabras, las mías, y ellas se llevan sentimientos airados y alterados. Y dicto sofisma, dormido en la perorata inútil que pregonan y les digo queridos señores alcaldes, ustedes que con el pueblo juegan, a quienes defienden y humillan en equilibrada intención y consciencia, regálenme cada día sus melifluos discursos, engáñenme por favor con mundos soñados, con realidades inventadas, concédanme por mis atenciones prestadas e incluso obediencia, algún regalo asfaltado o acristalado con el que falsear la identidad de los pueblos que dirigen, y también la mía y mis sentimientos, torturados en ejercicios de autoconvencimiento y concédanme, si es de naturaleza generosa sus voluntades, el privilegio de disfrutar de un cielo alucinógeno de fulgores imaginados desde el punto más alto de esos edificios que crean para eternizar su grandeza o disimular sus debilidades, olvidando que cuanto más alto se sube, menos se les ve, que necesito engañar la realidad que ustedes dicen construir pero que siento perder. Será entonces cuando mis rezos, dirigidos al cielo, encuentren entretenimiento en la espera de un Dios que no los escucha, ensordecidos por endemoniadas pantomimas al servicio muy particular y privativo de semidioses en conductas permanentes de sedición.
No se queden obnubilados por ese cántaro viajero de riquezas virtuales que creyendo ustedes avanzar hacia formas superiores de progreso civil en sus pueblos, conquistado el derecho a votar, nos condenan con un obligado retroceso al antiguo vasallaje pon negación insidiosa del derecho a vivir. Desgraciadamente hacen cumplir la predicción de Laveleye “El porvenir de las modernas democracias es el mismo que el de las antiguas: ir ganando a los hombres cada día más derechos hacia el voto y perdiendo cada día más derechos. Y es el dogma empeñado este que vienen a practicar, convencidos como están, que la libertad no viene por el camino del voto libremente meditado sino por la esclavitud económica. No se esfuercen por favor en actuar a través de imposiciones cuando no encuentran ideas que satisfagan las necesidades de la población a la que representan. Porque cuando sólo tienen el camino de la imposición, el de la fuerza, hacen que sea esta la única justicia. Ignorarn una vez más, que la justicia debe ser la única fuerza.
Y permítanme citar este principio “cuando por no haber pensamientos libres para trabajar por cuenta propia, tiene uno que asalariarse para trabajar por cuenta ajena, darle el sufragio, o el encomio de su aquiescencia, no es más que aumentar la influencia del que sobre él ejerce el mero y mixto imperio”. Apártense de los grandes poderes económicos que fingen inspirarse en un público interés, manchando y ocultando bajo la alfombra de la privatización, el privilegio únicamente de unos pocos. Y cito a Walter Ratheau que bien los viene a definir “trescientos individuos sin representación oficial, ni investidura legal, que se conocen y ayudan mutuamente, vienen jugando impunemente con nuestro porvenir. Si les conviene invertir, invertirán su dinero en negocios, o en sacar provecho económico también del sufrimiento de un pueblo si diera el caso.”

miércoles, 12 de octubre de 2011

Iniciativas para salvar a las escuelas infantiles.

La tensa situación vivida en los últimos días en las escuelas infantiles, en las que las diferentes iniciativas han puesto en pie de guerra a familias, educadoras, personal directivo de las escuelas, empresa y ayuntamiento, han conseguido que las principales partes implicadas en estos hechos o para mejor denominarlos, despropósitos, se pongan manos a la obra en busca de soluciones que satisfagan a todos o a una amplia mayoría.
Las escuelas infantiles, en connivencia con el Ayuntamiento estudian la elaboración de un plan de rescate, un plan de salvación consensuado que pueda poner un suave colchón a esta situación. Ambos, actuando por distintos caminos confluirán en uno mismo, un mismo objetivo, siempre teniendo a las escuelas como prioridad al menos hasta la resolución del concurso.
Por tanto, parte de esas iniciativas a la espera de ser acuerdos se enumeran a continuación.

Las escuelas infantiles se comprometen:
–Ante la situación de falta de liquidez y de amenaza de sostenibilidad del modelo actual de gestión de las escuelas, estas elaborarán retenes de padres y o familiares de los niños matriculados, que según cuadrante, asumirán los fines de semana y días alternos las labores de limpieza y desinfección de las escuelas. Para el desarrollo de la actividad se requerirá personalmente a cada familia los utensilios y productos necesarios para poder ejecutar con éxito y efectividad su trabajo.
– A que cada familia, no pudiendo las escuelas garantizar los alimentos para los pequeños, llevará junto con su hijo y a diario, una mochila equipada con los alimentos necesarios para cubrir sus necesidades, así como la logística necesaria para el desarrollo normal de un día en la escuela. Rollos de papel, pañuelos, papel higiénico...
–A duplicar, si es necesario el horario de las educadoras para poder prestar mejor atención en los diversos horarios ampliados. No puede comprometerse a ampliar el personal, a buscar educadoras de apoyo porque el dinero que estaba reservado a tal efecto se lo ha llevado el egoísmo de las educadoras por cobrar fuera como fuera sus salarios.
–Las escuelas infantiles solicitarán a la asociación “Las nieves”, u a otra similar, una generosa cesión de perros de raza, perfectamente adiestrados, para suplantar las posibles bajas voluntarias o forzosas de las educadoras ante la creciente dificultad de encontrar inocentes trabajadoras dispuestas a trabajar gratis, dispuestas a sacrificar sus salarios para hacer más grande a Navalcarnero.
–A buscar voluntarias en la Cruz Roja para que mantengan vigiladas las aulas mientras se producen las rotaciones de las educadoras, garantizando que dichas rotaciones se efectúan con absoluta garantía sin peligro para la integridad de los pequeños y de las propias educadoras. Ya no habrá que correr por los pasillos a la vez se evitan los tiempos de soledad para los más pequeños.
A su vez, el Ayuntamiento, en agradecimiento por la colaboración que estas escuelas le han prestado haciendo partícipes a las familias en la defensa de los intereses de la empresa y de los suyos en una interactividad sin parangón, se compromete a:
–Solicitar en el próximo pleno del Ayuntamiento una partida presupuestaria que estaría destinada a invertir en juegos y loterías del Estado como una forma extraordinaria de financiación con la nada desdeñable aportación del 50% del total de lo ganado para las escuelas hasta que se encontrase una solución al concurso.
–Crear una O.N.G., cuyo nombre en principio sería “Save Navalcarnero” que pueda actuar primero a nivel nacional y más tarde extenderse internacionalmente, destinada a recaudar fondos con los que poder financiar, no sólo las escuelas, sino también reflotar de sus deudas a este pueblo. Para ello, se comenzará con una humilde caseta expuesta cada segundo domingo de cada mes, aprovechando el mercado de artesanía, donde, con carteles llamativos al uso, creados por el alumnado de las escuelas infantiles y sus educadoras – que salen gratis – reclamar la atención de turistas y personas compasivas que tengan para bien reconfortar sus almas generosas con la aportación de una dádiva.
Se recogerán todos aquellos donativos en metálico, alimentos u otras ocurrencias de familias condolidas que se solidaricen con las familias de los pobres niños de estas escuelas.
El ayuntamiento a cambio de las generosas aportaciones, se compromete a la creación de una rotonda en la que aparecerán tallados sobre granito o mármol, el nombre de todos los sacrificados navalcarnereños y foráneos que, en una gran demostración de solidaridad, han ayudado desinteresadamente a su alcalde y a Navalcarnero a mantenerse un mayor tiempo a flote. Les cederá a su vez una participación económica de esa rotonda que pasará a ser propiedad de todos aquellos participantes y que podrá ser heredada por sus sucesores.
–A crear, con los trabajadores municipales despedidos, un grupo de teatro que les libere de la sensación de opresión del paro. Será un grupo itinerante, que irá recorriendo las distintas localidades del Estado español actuando según demanda. Será una obra en la que se expondrán con meridiana claridad y sentido del humor, la vida de unas educadoras infantiles obligadas a trabajar sin cobrar cuyos maridos o parejas, por su falta de trabajo, por engordar las listas de paro, caerán bajo los efectos de una enfermiza envidia hacia sus mujeres o parejas porque ellas tienen al menos un trabajo en el que matar el aburrimiento, en el que sentirse realizadas.
–Crear una empresa municipal de merchandising. Se admitirán diseños de voluntariosos vecinos del pueblo que voluntariamente cederán junto a sus creaciones los derechos de autor que estas pudiesen generar. No habrá ni distinción ni discriminación, se considerarán importantes todas las manifestaciones artísticas de todas las especialidades posibles. También la fotografía con la elaboración de chapas, calendarios con ilustrativas y sinuosas fotografiás de los empleados municipales en posturas hasta ahora inverosímiles con la ropa como secundario protagonista. Un reclamo, no sólo para oriundos de Navalcarnero, sino también y especialmente para turistas ávidos de sensaciones nuevas más allá de la cultura culinaria y o urbanística y más acordes con el acervo popular pegado a programas de prensa amarilla.
–A la instalación de un puesto fijo en el rastro de Madrid en la que se venderán productos de la marca “Navalcarnero”, así como dibujos, y artesanía infantil en barro o en cualquier otro material realizados por el pequeño alumnado de dichas escuelas bajo su nuevo programa educativo y de regeneración económica “valemos lo que creamos”.

Sabemos que no se llevarán a cabo estas iniciativas, no por ello deben descuidarse y muy probablemente, en algún momento, cuando la desesperación y la falta de ideas se erigen desgraciadamente como el único sólido que puede acompañar a un plato repleto de un quejumbroso vacío, han pasado por la cabeza de algún o alguna ilustre cabeza del gobierno de este pueblo que busca en la creatividad la solución económica. Seguramente la ilustre cabeza se ha moldeado en un centro educativo privado, de ahí el sistemático recurso al despido y a la desafección.

El embegido dezidor.

sábado, 8 de octubre de 2011

La escuela infantil Trébole y la perfidia de la hipocresía.

Cual no ha sido mi sorpresa al encontrarme en mi correo un mensaje que me impelía a leerlo con urgencia. Y la sorpresa no venía sola, un documento anexo aún espabilaba más mi curiosidad. Su lectura puso a mis neuronas a trabajar a un ritmo que se desbordaban, culpa de un cerebro, el mio, que con su lectura, se hastiaba de incredulidad.
El documento en cuestión tiene su origen en la escuela infantil municipal Trébole, y es por tanto la consecuencia de una nueva y lamentable acción unilateral dirigida a las familias de los niños matriculados exclusivamente, si el tiempo no lo remedia, en la citada escuela. Demuestran, quien o quienes hayan tomado esta iniciativa, no haber aprendido nada de la experiencia de su escuela hermana Barco de Papel. Escuela, que tiempo atrás decidió tomar sus propias decisiones prescindiendo de Trébole y Campanilla y que no la han conducido a una situación de mejora, más bien todo lo contrario, a ser, por estrategia económica y política, la que más posibilidades tiene de perder el concurso. Aquellas avanzadillas negociadoras enviadas por la escuela de Barco de Papel se entrevistaron con el personal del Ayuntamiento con responsabilidades en estos hechos y el resultado, al margen de dulces palabras que acaramelaron los oídos del contubernio negociador con falsos reconocimientos, fue el paseo de la huella de la suela del Ayuntamiento pulida en el trasero, recordándoles que estaban dentro de un concurso cuyo resultado era incierto y muy variable. Obviaron que la unión hace la fuerza.

El documento, a pesar de la crítica situación que están sufriendo estas escuelas, está muy lejos de ser un instrumento que vaya a conseguir sumar voluntades, pues si de algo carece es de información y si de algo rebosa es de confusión y de insensatez. En él se mezclan reivindicaciones con deseos, responsabilidades y acusaciones, y su resultado final es un texto no trabajado ni consensuado con todas las partes que el propio texto implica y mezcla. Al no haber firma ni organismo que se responsabilice, ni ente físico que haya dicho esta boca es mía, parece escrito por fuerzas espirituales de origen todavía desconocido que, aburridos en su tránsito por abandonar el inframundo y conseguir el perdón divino, han decidido hacer una pausa por Navalcarnero y divertirse un rato escribiendo panfletos para enrabietar a los vivos.
No es inteligente elaborar un texto que arengue a las familias a posicionarse frente a un Ayuntamiento para imputarle todos los males que sufren y sufrirán las escuelas infantiles, al tiempo que, con la rúbrica individual de su firma, se exonera a la empresa Navagroup s.l. – gestora de estas escuelas cuyo personal directivo son las mismas personas que dirigen actualmente las diferentes escuelas infantiles municipales, todas ellas agrupadas bajo la misma empresa – de toda responsabilidad en la actual situación de sus escuelas, y se carga sobre las espaldas de las familias, la obligación de exigir y reponer todos los agravios cometidos por el Ayuntamiento, olvidando, intencionadamente, los propios de la empresa. Los padres asumen, por tanto, individualmente todo su contenido.
El texto rehuye informar qué responsabilidad tiene la empresa cuando parte de los salarios de sus empleados, en una proporción determinada, corren a cuenta suya. El presupuesto de estas escuelas es la suma de tres partes: Comunidad de Madrid, Ayuntamiento y Empresa gestora Navagroup s.l., de los cuales, por lo que actualmente se sabe, es la Comunidad de Madrid quien únicamente y rigurosamente está cumpliendo con sus obligaciones. ¿Hacia dónde va entonces el dinero de la Comunidad? ¿Y el dinero de las cuotas de las familias?
Hay que lamentar, porque es lamentable, que vuelva a adoptarse una decisión unilateral por parte de una de las escuelas infantiles, en este caso Trébole. Y es lamentable que se esté utilizando este escrito como tapadera para sanear conciencias. Un escrito cuyo contenido es indigno, no sólo para el que lo escribe o dicta, es también indignante por poner en duda la capacidad intelectual de cualquier lector al que trata como si estuviera incapacitado. Anula de un plumazo la capacidad de acción de las partes implicadas, especialmente a educadoras, y las obliga a entrar en confrontación cuando no en contradicción con padres, empresa y Ayuntamiento.
El texto, desgraciadamente, conduce a la insignificancia y al ridículo a las educadoras a quienes cuetiona y al A.M.P.A. a la que de un muletazo la ha dejado al margen, quedando los padres huérfanos de una representación que debe tener y tiene toda la legitimidad para ser su voz y el instrumento que procese sus voluntades.
Pero si hay algo absolutamente detestable y deleznable, es la agresión gratuita y la desacreditación con la que este texto condena a las educadoras cuestionando su dignidad profesional. No es de recibo, y mucho tendrá que explicar la insigne cabeza que ha pergeñado este despropósito, poner al borde del precipicio el trabajo y la dedicación de las educadoras, que como bien dice el escrito, aunque se atribuye todos los méritos, los 20 años de prestigio no son sólo mérito de la empresa, algo tendrán que decir las educadoras que por ahí han dejado y dejan cada día su huella compartiendo su prestigio con sus alumnos y familias. Una contradicción más que roza lo deplorable al dejar caer, y lo hace sin tapujos ni indirectas, que la atención que actualmente reciben los menores ha sufrido un empeoramiento por la actitud deliberada de las educadoras vencidas por la desgana que les provoca la ausencia de salario.
Sin embargo, y es muy probable, que la ausencia de una explicación objetiva sea el resultado de una premeditada intención, de una mala intención. El texto renuncia a explicar que la supuesta falta de atención, por ser casi imposible, es cubierta por la voluntad de las trabajadoras que se tienen que sobreponer a las dificultades que una y otra vez se imponen desde la administración y que las propias escuelas aceptan con absoluta docilidad. No se dice nada del aumento de la ratio, ni de la disminución de los apoyos, ni de otras muchas cuestiones que no es lugar de relatar en este momento.
Y es este punto el que me conduce insoslayablemente a pensar que tal escrito está dirigido por la dirección de la propia escuela infantil Trébole, que es lo mismo que decir la empresa Navagroup s.l, como consecuencia de la decisión de las educadoras de secundar su derecho a huelga. Es una mezquina forma de utilizar, de manipular a los padres para culpabilizar y desprestigiar a las educadoras ante las posibles consecuencias de sus acciones, presentes y futuras, tanto por la huelga como por la más que previsible oleada de denuncias que recibirá la empresa por los impagos. La falta de valor de la escuela la ha alejado del lugar donde debería estar: al lado de sus empleadas; y por su sumisión ante los dictámenes de la concejalía de educación, prefieren aprovecharse de la coyuntura para que sean los padres quienes se enfrenten cara a cara con el Ayuntamiento mientras la empresa y sus directoras aparecerán incólumes frente a él, evitando de este modo represalias que puedan afectar a la decisión final para la adjudicación del concurso.
Quedan probadas mis palabras, al convertir este escrito, concretamente en el quinto punto, en un manifiesto propagandístico en el que la propia empresa se emperifolla de vanidades y presiona al responsable de ayuntamiento, siempre en nombre de los padres, nunca en su nombre, para que les sea favorable el concurso de las escuelas.
Para terminar el documento y como ejemplo, se practica un magnífico ejercicio de una voraz hipocresía cuando solicitan una reunión con la concejala de educación. Como si fuera la primera vez, cuando no ha sido una reunión, sino que estas se han celebrado durante los meses del estío regularmente. ¿Es posible que ahora se pida una reunión para pedir explicaciones cuando desde las escuelas no se ha actuado, en el mejor de los casos, con transparencia, cuándo desde alguna de las escuelas se han negado e incluso tergiversado las explicaciones según qué intereses? ¿Puede existir un ejercicio mayor de hipocresía?
Es la perfidia de la hipocresía.

El embegido dezidor.