domingo, 27 de mayo de 2012

LA INMORALIDAD DE LOS CONCIERTOS EDUCATIVOS.


 Si hablamos de ahorro, ¿tiene consistencia moral seguir dilapidando dinero público en conciertos educativos?

Si padecemos periodos en los que es obligado mirar con microscopio dónde encontrar un euro, e incluso un céntimo, no está de más, que critiquemos a quien o quienes otorgan, conceden y malgastan sin decoro un dinero público a todas luces innecesario. Tan innecesario que se les hace necesario disfrazar la concertación de colegios de libertad de elección. Es por tanto, también el momento de plantearse si no sería mejor prescindir de los conciertos educativos para invertir en educación o al menos para no dilapidarla. Y motivos hay y muy serios para de una vez acabar con un derroche más.

Porque no es ético ni moral la financiación con dinero público de empresas privadas, que alejadas de la libre competencia, se amparan en la protección económica del Estado para mantener en pie sus empresas aprovechándose de los dineros públicos que restan a la escuela pública. Como empresas privadas deben someterse a las reglas del mercado y no acogerse a las subvenciones del Estado para huir de la libre competencia a la que debieran estar sometidas.

No es ético ni moral, que la Comunidad, Ayuntamiento y/o Estado correspondiente ponga dinero en los despachos de estos colegios para mantener conciertos, cuando desde estos mismos colegios se ejecutan y propagan enseñanzas y conductas ajenas a lo que debería ser educación que quiebran la igualdad entre una sociedad e incumplen la propia Constitución que afirma en su artículo 14, que todos los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.

Pero aún resulta más grave y doloroso que sea el propio gobierno quien gobierna en detrimento y contrariamente a la propia constitución que juró incumpliendo:

–El Artículo 9.2 dice que corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social.

–El Artículo 27.8: Los poderes públicos inspeccionaran y homologarán el sistema educativo para garantizar el cumplimiento de las leyes.

–El Artículo 17.1: Toda persona tiene derecho a la libertad y a la seguridad. Nadie puede ser privado de su libertad, sino con la observancia de lo establecido en este artículo y en los casos y en la forma previstos en la ley.

–Artículo 40.2: Los poderes públicos fomentarán una política que garantice la formación y readaptación profesionales...

–Artículo 44.2. Los poderes públicos promoverán la ciencia y la investigación científica y técnica en beneficio del interés general.

–Artículo 48: Los poderes públicos promoverán las condiciones para la participación libre y eficaz de la juventud en el desarrollo político, social, económico y cultural.

Si queremos hablar de optimización del gasto público entonces acabemos con los conciertos educativos por innecesarios. Pero si lo que se quiere es embutir la frivolidad, entonces sigamos hablando de recortes en educación.


viernes, 25 de mayo de 2012

Tras la jornada de huelga...


Tras la jornada de huelga, poco importa el baile de cifras que, especialmente desde los medios de comunicación, roza la irrealidad o más concretamente, su credibilidad es comparable a la credibilidad de un visionario en decadencia. Pero lo que siempre deja huella, y bien profunda, es que en este país vamos sobrados de intereses y faltos de objetividad. Son curiosas las diferentes varas de medir, las distintas percepciones y especialmente las distintas sensibilidades políticas y las asechanzas verbales con exhibición de recursos lingüísticos incluidos que atesoran los fámulos de este Estado para satisfacer intereses y ganar sus estipendios, incluida la mentira.

Pero incluso de esto nos estamos curando los españoles, si ya hemos aprendido a vivir con la corrupción, con la explotación, con las colocaciones a dedo; hemos asumido como nuestra la culpabilidad de quienes no han sabido administrar nuestro dinero e incluso asumimos como nuestra responsabilidad sacarles las castañas de fuego sacrificando, no ya sólo nuestro propio bienestar, sino nuestro futuro y especialmente el de nuestros hijos, cómo no vamos a ser capaces de sobreponernos a la mentira continuada. Si hace falta miraremos para otro lado.

Y no importan las cifras, los porcentajes; de principio por no ser verdaderos y de segundo porque la reconstitución de una enseñanza pública de calidad no vendrá por estos números sino por la unión del profesorado, de todo el profesorado, desde las escuelas infantiles, si todavía queda alguna para entonces, pasando por los maestros y especialistas de primaria, secundaria y universidad. Una unión inquebrantable que llegará inexorablemente de un modo u otro por dos vías posibles: Por una protesta unívoca y unísona, en la que centrales sindicales y la comunidad educativa al completo se fusionen en una sola cabeza que haga incuestionable en la calle, incluso para aquellos medios y voces mediáticas adictas o afines al régimen, que la voluntad de la comunidad educativa es luchar por lo que es suyo deslegitimando, con la verdad por bandera, la falta de consistencia en las argumentaciones que arrecian una y otra vez contra la escuela pública. La otra vía es la unión del profesorado por una desafección a esa protesta que nos conducirá inexorablemente al día en que mirando hacia atrás nos digamos: “Mañana protestaremos, ya no tenemos nada que perder, todo lo perdimos ayer”. En ese momento, cuando se tome conciencia de lo perdido volverán las voces a florecer, volveremos a pelear por la igualdad, por la no discriminación pero... es posible que para entonces sea irreversible y entonces sí que muchos podrán presumir por vaticinar en un pasado reciente que de nada sirve ponerse en huelga mientras otros lamentarán sus iniciativas o la falta de ellas, sobre su conciencia sentirán su inacción como una sanguijuela devorándola cuando por no regalar 60 u 80 euros a la administración se han quedado sin algo que regalar.

martes, 22 de mayo de 2012

SÍ A LA HUELGA EN EDUCACIÓN.


Motivos para la huelga hay, muchos más que excusas para no ejercer este derecho. Motivos que son graves, de consecuencias previsibles y conocidos por toda la comunidad educativa en su totalidad aunque todavía exista, y también entre el profesorado, muy lamentablemente, quien vislumbra bajo el arco de la simpatía política o apatía intelectual, la necesidad de proseguir agazapado con la cabeza enterrada bajo un terreno fangoso esperando con esperanza que los malos tiempos pasen por su lado sin afectarle, o quien se pliega, con una insustancial servidumbre y elegante genuflexión, a los mensajes sermoneados una y otra vez con los que la administración disfraza una realidad.

Una administración muy alejada de la defensa de una educación de calidad y de igualdad que ha sido y es beligerante contra su propio personal, que les empeora sus condiciones laborales, responsabiliza en exclusividad al profesorado del fracaso escolar. Una administración que no escatima esfuerzos en desprestigiar a la escuela pública y a cuantos en ella ejercen su profesión, la misma que criminaliza a los profesores por vestirse con unas camisetas verdes, la misma que baja sus salarios, sus ayudas, la misma que potencia la escuela privada y concertada con ese mismo dinero que recorta de la pública, la misma que disfraza la disminución de derechos por libertad de elección, etc.... Por tanto y teniendo en cuenta que la administración basa su derrota o triunfo sobre una huelga en las cifras, se hace necesario que toda disconformidad con la gestión de esta administración, como se manifiesta una y otra vez en los claustros, salga de sus armarios para convertir este día en una jornada para mostrar nuestro descontento y para decir en voz alta y a todo el mundo que no estamos de acuerdo, que ni profesores, alumnos, padres y todos cuantos directamente o indirectamente formamos parte de la comunidad educativa aprobamos estas medidas por ser injustas, deliberadamente interesadas y por tanto mezquinas. Y aunque no sea suficiente, como muchos padres y profesores afirman únicamente para seguir arrebujándose en su complacencia, al menos, ejercer este derecho es un ejercicio de dignidad, de calma para la conciencia; es simplemente ser consecuente. Es intentar ser uno mismo. Y será cuanto no podrán robarme.

Motivos para la huelga hay y muchos, y no se puede aludir al aprieto económico que todos estamos padeciendo como axioma excluyente por ser injusto e insolidario. Tampoco pueden, por la demostración de pobreza de recursos que secciona la yugular de la honorabilidad de quien desempeña un trabajo en educación, acudir al trastero lingüístico de las explicaciones insostenibles para atrincherarse en la sinrazón, o socorrerse en el vergonzoso razonamiento de la veleidad para justificar no ir a la huelga, argumentando no querer regalar más dinero a una administración que ya le merma el salario y cuya intención es seguir haciéndolo y en mayor medida.

La huelga hoy por hoy, nos guste más o menos, es la única herramienta de protesta que todo trabajador todavía poseé para posicionarse de una manera pacífica y razonada ante lo que considera un agravio e injusticia. La huelga, tiene y debe tener voz y eco en la sociedad y aunque cada vez, con más obstinación algunos medios se afanen para sofocarla vilipendiándola, ultrajándola y manipulándola, este hecho, que es muy cierto, no debe amedrentarnos para no ejercer un derecho a la protesta que se recoge en la constitución y que por la tanto al ejercerlo, además de ser un ejercicio de justicia, además de ser una ayuda para desoxidar los mecanismos democráticos y por tanto elemento regenerador de nuestra democracia, es un buen instrumento para equilibrar el contrabando de intereses y poderes que confabulan para aniquilar cuantos obstáculos les asaltan en su camino. Y hablo de la educación pública.

Llegados a este punto, qué podemos enseñar en nuestros hogares, en las aulas de los colegios si no somos consecuentes con nosotros mismos, qué podemos enseñar si nuestra pedagogía carece del ejemplo fundamental en la figura del padre, o del maestro que se revela, que no acepta la tiranía, la injusticia, la insolidaridad. Cómo podremos enseñarles que desde la palabra, desde la asociación, desde la participación activa también pueden combatirse estas injusticias. ¿Cuál ha de ser por tanto, el papel del maestro en las aulas si no potencian el libre pensamiento, si no buscan en sus alumnos, en nuestros hijos, a quienes defiendan el día de mañana, entre otras muchas causas, su propia dignidad, una justicia social, una sociedad más igualitaria con los mismos derechos y las mismas posibilidades? ¿Necesitamos abastecernos de resignación y tolerar que desde la propia administración, bajo el nombre de educación, obligue a nuestros hijos, a integrarse en el escalafón más bajo de la pirámide social que ellos mismos diseñan desde sus despachos? Y después, obligados y resignados a arrastrarnos por el polvo de sus despojos ¿Criminalizarán a los padres por carecer de recursos económicos con los que dotar a sus hijos de mejores posibilidades?

Hay motivos para una huelga. Sobran los motivos.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Enseñanza pública. Revindicando el principio de igualdad.


La desigualdad que a grandes pasos se va forjando en nuestra sociedad entre la enseñanza privada y concertada respecto a la educación pública, se va construyendo con la utilización, parcial y subjetiva, entre otros, de los resultados de las pruebas CDI como argumento, sino el único, para justificar y acusar a la enseñanza pública de un gasto innecesario a tenor de unos resultados que desde luego no reflejan la realidad. Una realidad que viene muy condicionada por el tipo de alumnado. Mientras en la escuela pública predomina la diversidad, en la escuela privada – concertada se aspira a la homogeneidad, y para conseguir este propósito, concretamente la enseñanza concertada no escatima estratagemas.

Los mismos medios y las mismas voces, siempre tan vivas en discusiones y comentarios sobre educación, que una y otra vez arremeten contra la enseñanza pública deberían, por la propia honorabilidad del o los que hablan y/o escriben, explicar de qué maneras los colegios concertados, no todos, eligen y seleccionan a sus alumnos. Práctica efectiva que es sin duda una causa inequívoca de la desigualdad que viene reflejada en esos resultados que con malignidad interpretan. Tienen y deben de explicar cómo desde los despachos de muchos colegios concertados, al futuro alumno se le aconseja matricularse en un colegio público por su causalidad, es decir, por motivos relacionados con su rendimiento, con su historial, con su procedencia, con sus problemas: familiares, genéticos u otros. En definitiva, no puede matricularse porque no cumple con el perfil que gusta a la dirección de esos colegios que en su mayor parte, curiosamente, se financian con dinero público, con dinero de los mismas familias cuyos hijos son rechazados, de ahí que se llamen concertados.

Tendrían que explicar que la cuota, tasa, bonificación, donativo... que estos colegios imponen y cuya legalidad es más que discutible, es un precio extra de matriculación, y al mismo tiempo, otra manera “legal” de impedir o dificultar el paso a alumnos con economías maltrechas, o por decirlo más llanamente, no deseados.

Si queremos comparar unos resultados que reflejen más la realidad de los centros, permítase que cada centro, sea público, privado o concertado elija por aula a los diez o quince mejores alumnos (en cuanto a resultados académicos me refiero) . Sería entonces cuando podríamos estudiar los resultados con una mayor objetividad porque se han obtenido en condiciones de igualdad. La escuela pública no puede competir en igualdad de condiciones respecto a centros privados y concertados cuando alumnos con un deficiente castellano o con una tardía escolarización se ven obligados a realizar esas mismas pruebas, y aún así hay colegios públicos e institutos entre los diez primeros e incluso los primeros.

Esta desigualdad, aprovechada para hacer más rápido y efectivo el estrangulamiento de la educación pública y con ella, aniquilar una futura sociedad que pueda regirse por un principio de igualdad, nada tiene que ver con los profesionales que en ella trabajan, a los que injustamente se les cargan con acusaciones que salen a la luz pública generando dudas respecto de su profesionalidad y su entrega – véase todo lo dicho y escrito y lo que no se ha dicho centrando la problemática en esas dos horas más de trabajo para los docentes que nada tenían que ver con el origen de las protestas – .

Al contrario de como se viene sugiriendo desde medios de comunicación y profetas tertulianos que toman la paralela para no tropezar en la misma porquería que vierten, si la experiencia es un grado, algo que nadie puede discutir excepto ignorantes e interesados, son los profesionales de la enseñanza pública los más curtidos por estar más acostumbrados a bregar cada día con una diversidad a la que tienen que sacar adelante. Y no quiero desmerecer a ningún profesional de la enseñanza. Revindico el principio de igualdad que intenta hacerse un hueco entre tanta apología de la discriminación y desigualdad existente en este reino que dicen de España.

Si la finalidad, sin tener en cuenta las formas, es ahorrar, y para ello se prescinde de toda discusión o debate racional, insisto en lo de racional, la conclusión a la que se llega es que la educación pública debe ser suprimida. Pero si a la necesidad de ahorrar le añadimos una pizca de reflexión y un leve toque de racionabilidad e inteligencia, sin excederse, que en tiempos de crisis no es bueno malgastar ¿no sería más sencillo ahorrarse el dinero de estos conciertos innecesarios?

jueves, 3 de mayo de 2012

El fracaso escolar: más veneno para la educación pública.


Una vez más, como espectador ocasional, tuve que escuchar la insidiosa comparación, por enésima vez, de la escuela pública y la escuela concertada, o lo que es lo mismo la educación pública y la educación concertada. La periodista Carmen Gurruchaga en el espacio de Tele 5 “El gran debate” arrojó su dardo envenenado en forma de dato. “El 35% del fracaso escolar se da en la escuela pública frente a un 25% de la concertada”. Un dato, que si bien no voy a dudar de su veracidad, no justifica ni puede ser empleado para justificar su conclusión: La escuela pública es la cuna del fracaso escolar”. Y claro, en estos tiempos ahorro, un gasto innecesario. Pero el dato cojea de realismo a poco que pongamos una neurona a funcionar.

No seré yo quien dude la reputación de esta periodista, aunque a veces dicha reputación alimente una soberbia que obnubila la razón. Pero su error de interpretación fue mayúsculo, o tal vez no fuera un error. Es posible que la cifra fuera esputada tras una escasa deliberación. También podría ser que no hubiera más estudio y esa incompleta explicación se debiese a una falta de información. Hablaríamos entonces de un error, de un error injustificable para una periodista de su experiencia que debe y se debe a la veracidad y a la objetividad. Sin dudar de lo primero, quedó con las vergüenzas al aire lo segundo.

Pero si la Sra. Carmen Gurruchaga, con una maledicencia intencionada, tomó partido por un modelo de educación para ella predilecto comportándose como una mercenaria que pone voz a quien mejor le paga, queda en entredicho cualquier credibilidad presente y futura que nazca desde el bolsillo o la cabeza de esta periodista.

La periodista no profundizó en el dato, ni lo explicó. Al hablar de porcentajes no debería ignorar que la escuela pública es la única que no discrimina a nadie y da las mismas oportunidades a todos sin preguntar su raza, su religión, su procedencia, su condición sexual, si es rico o pobre, si es de nobleza o plebe, si está altamente capacitado o sufre alguna disminución, si tiene problemas: conductuales, motóricos ... etc o no los tiene, si es oriundo o inmigrante. La escuela pública es garantía de igualdad, tampoco separa por razón de sexo. No debe pasar por alto que una escuela, una verdadera escuela, se compone de personas y forma personas. Al margen deben quedar por quienes hablan por y para la educación, aunque poco tengan que ver con ella, los beneficios o pérdidas económicas si no es para encontrar la forma de mejorarlos. No debemos convertir a la educación en empresas cuyo máximo interés será el de satisfacer las necesidades de sus clientes, y esto, desde luego, no es mejorar la educación.

Si la señora Carmen Gurruchaga hubiera tenido en cuenta esta exhortación, no hubiera entrado en un debate para denigrar una educación pública, que solamente por lo ya mencionado, debería ser suficiente para otorgarle el respeto que se merece y no cuestionarla con comparaciones de porcentajes de fracaso o acierto. Lo contrario, lo que se está haciendo, lo que esta periodista hizo es caer en lo fácil.

Debo recordar a la Sra. Carmen Gurruchaga, que según los datos de la Comunidad de Madrid, el instituto de enseñanza secundaria con mejores resultados en el 2011 fue un instituto público. Esto quiere decir que no todo se hace tan mal en la escuela pública. Esto quiere decir que muchos de los que hablan por boca de ganso deberían repasar sus palabras. Esto quiere decir, que tal vez, muchos de esos colegios privados y concertados deberían revisar sus planes educativos. Esto me lleva a pensar lo que este dato debe estar escociendo a quienes se dejan 1000, 3000, 6000 … euros por curso en la educación de sus hijos y especialmente en los que convierten sus escuelas en empresas. ¿Cuál es la credibilidad que les queda cuando su excelencia se ve humillada y ultrajada por unos desarraigados y futuros perroflautas? Parece ser que la excelencia no conoce de estamentos sociales. ¿Es esto algo tan perjudicial para la sociedad para tener que aniquilarlo?
No lo olvide Sra. Gurruchaga, ni usted, ni muchos como usted.